Natillas de Calabaza y crocanti de frutos secos.

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Hace poco, mientras hablaba con un amigo, salió esa típica expresión de «a nadie le amarga un dulce». Mientras que él la pronunciaba, yo iba asintiendo para mi misma y pensando en algo que nada tenía que ver con nuestra conversación. Mi mente voló y voló hasta aterrizar en unas natillas. Exactamente, «a nadie le amarga un dulce, ¡y mucho menos si es un postre!», pensé esbozando media sonrisa. Sí, así soy yo. No pronuncies delante de mi ni la palabra «dulce», ni «croqueta», ni «vino». Tal y como si mi mente trabajase para google adwords, mi base de datos interna empieza a identificar las palabras clave, las asocia a recetas, a ingredientes, a sitios donde poder ir a disfrutarlas y sobre todo, despierta ese tipo de hambre que todos tenemos oculto, que sólo se activa cuando alguien pronuncia las palabras mágicas. «Dulce…» Sí, sí… Mi amigo siguió charlando, pero yo ya me había perdido, ya sólo podía pensar en las natillas que iba a preparar en cuanto llegase a casa.

Dicho y hecho. En poco menos de media hora tenía listas mis natillas. ¡Misión cumplida! Pero para salirme un poquito del «tiesto» y aprovechar que, aunque no lo parezca, estamos en los albores del otoño y aún no nos han saturado con Halloween, decidí darles un toque diferente. Añadirles un extra de calabaza y un toque crujiente y dulce, con un crocanti de frutos secos. La mezcla de «natillas + calabaza», puede resultar extraña, pero yo que me declaro fan incondicional de esta verdura y aprovechando que ya estamos en temporada, decidí tirarme a la piscina y el resultado no pudo haber sido mejor. Así que sin más explicaciones os cuento cómo las hice y adaptando la receta con y sin Thermomix. ¡Vamos allá!

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Ingredientes:

  • 500 gr. de calabaza asada (podéis hacerla en el horno o incluso en el microondas)
  • 4 Huevos
  • 700 ml de leche
  • 110 gr. de azúcar
  • 15 gr. de maizena

Ingredientes para el crocanti de frutos secos:

  • 150 gr.Frutos secos variados y picaditos
  • 3 cucharas soperas de azúcar
  • Unas gotitas de esencia de vainilla.

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Receta Tradicional

1.- Lo primero que tenemos que hacer en ambas opciones, es asar / cocer la calabaza. Yo la corté en daditos de aproximadamente 2 cm y la hice en el microondas. Sé que en el horno hubiese tenido otro toque, pero con el calor que todavía nos acompaña, encender el horno es toda una aventura. Introduje los daditos en un estuche de Lékué y la cociné durante unos 6 minutos aproximadamente. Una vez que la tenemos cocinada y ya templada, hay que triturarla para poder integrarla en las natillas.

2.- En un cazo a fuego medio vertemos la leche, el azúcar, los huevos, la maicena y la calabaza triturada.

3.- Removemos hasta que nuestras natillas empiecen a espesar.

4.- Vertemos en cuencos y esperamos a que se enfríen a temperatura ambiente. Una vez las tengamos frías, guardamos en el frigorífico durante al menos un par de horas antes de servirlas.

5.- Mientras nuestras natillas enfrían, vamos preparando el crocanti. Picamos los frutos secos y los ponemos en una sartén a fuego medio.

6.- Agregamos el azúcar y la esencia de vainilla.

7.- Sin perderle ojo, vamos tostando y removiendo la mezcla hasta que el azúcar se convierta en caramelo.

8.- Dejamos enfriar nuestro crocanti  extendiéndolo sobre un papel vegetal.

9.- Justo antes de comerlas, espolvoreamos el crocanti  sobre nuestras natillas y… ¡A disfrutar!

 

Receta con Thermomix

 

1.- Lo primero que tenemos que hacer en ambas opciones, es asar / cocer la calabaza. Yo la corté en daditos de aproximadamente 2 cm y la hice en el microondas. Sé que en el horno hubiese tenido otro toque, pero con el calor que todavía nos acompaña, encender el horno es toda una aventura. Introduje los daditos en un estuche de Lékué y la cociné durante unos 6 minutos aproximadamente. Una vez que la tenemos cocinada y ya templada, hay que triturarla para poder integrarla en las natillas. Programamos 10 segundos, velocidad 4 -4.5. Miramos y si es necesario, volvemos a repetir.

2.- Vertemos en el vaso donde ya tenemos la calabaza, la leche, el azúcar, los huevos y la maicena. Programamos 8 minutos, 90ºC, velocidad 4. Una vez terminado el tiempo, nuestras natillas deben haber espesado.

3.- Vertemos en cuencos y esperamos a que se enfríen a temperatura ambiente. Una vez las tengamos frías, guardamos en el frigorífico durante al menos un par de horas antes de servirlas.

4.- Mientras nuestras natillas enfrían, vamos preparando el crocanti. Picamos los frutos secos y los ponemos en una sartén a fuego medio.

5.- Agregamos el azúcar y la esencia de vainilla.

6.- Sin perderle ojo, vamos tostando y removiendo la mezcla hasta que el azúcar se convierta en caramelo.

7.- Dejamos enfriar nuestro crocanti  extendiéndolo sobre un papel vegetal.

8.- Justo antes de comerlas, espolvoreamos el crocanti  sobre nuestras natillas y… ¡A disfrutar!

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¡Espero que os haya gustado la receta!

Nos vemos prontito (esta vez, de verdad)

Ana.

 

Bund Cake de naranja y chocolate

IMG_6571Vale… Es época de torrijas, arroz con leche y demás pastelitos de cuaresma… Y la receta que os traigo hoy nada tiene que ver. Y cuando digo nada, es nada. Al contrario debería ser pecado pasarse con la ganache de chocolate como me he pasado yo en este caso. ¡Pero es que no he podido resistirme! Era solo un bañito ligero, y te terminado enfoscando el Bundt Cake… Jejeje…

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Pecado o no, el caso es que el viernes pasado llegué a casa sorprendentemente pronto y sin nada que hacer. Así que vi como desde la estantería me miraba el molde de Nordic Ware y me hacía ojitos. Vale, algo sencillito, algo que pueda hacer con los ingredientes que tengo en casa y así también, ya tenemos la merienda para el fin de semana. Un Bundt Cake de naranja y chocolate con la masa marmolada no estaría mal…Y aunque a mi la combinación de naranja y chocolate no me vuelva loca (yo soy mucho más, ¡infinitamente más! De la combinación menta-chocolate), en los dulces no queda nada mal, ni son sabores «extrámboticos» que no gustan a todo el mundo.

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Lo tengo todo, el molde, los ingredientes, el tiempo y el ánimo por las nubes para que salga redondo, ¡vamos allá!

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Ingredientes para la masa:

  • 225 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 300 gr de azúcar
  • 330 gr de harina
  • 23o gr de leche (en mi caso de almendras, es la que uso en casa)
  • 4 huevos
  • 3 cucharaditas de levadura en polvo
  • 1 pizca de sal
  • La ralladura de 1 naranja medianita
  • Dos cucharadas soperas de Cacao en polvo Valor 0% Azúcares

Ingredientes para la ganache de chocolate:

  • 125 ml de nata para montar
  • 125 gr de chocolate negro troceado
  • 1 chorrito de licor, en mi caso usé ron, pero podéis usar el que más os guste. Con Cointreau debe quedar genial

¡Empezamos con la masa!

1.- Precalentamos el horno a 180ºC y engrasamos el molde. Yo he probado esta vez el nuevo desmoldante líquido de Wilton que me llegó a la tienda, ¡y genial! Echas un pelín en el centro y con una brochita de silicona vas pintando todo el molde. Para los moldes de Nordic Ware que tienen tantos recovecos viene genial, ¡100% recomendable!

2.- En un bol ponemos el ázucar con la mantequilla en punto pomada y batimos con ganas o si es con unas varillas eléctricas o robot, a velocidad media. hasta que quede una masa blanquecina.

2.- Echamos los huevos uno a uno sin dejar de batir, integrándolos bien.

3.- A continuación echamos la ralladura de naranja, una pizca de sal y la leche. Seguimos batiendo bien a velocidad media-baja.

4.- Tamizamos la harina con la levadura y vamos añadiéndola a poquitos para que no se formen grumos en la masa.

5.- Cuando tengamos la masa lista, separamos la mitad en un molde, y con la que vamos a seguir trabajando le añadimos las dos cucharadas soperas de cacao en polvo. Volvemos a mezclar bien hasta que la masa se pone oscura. Para mi con dos cucharadas ha ido bien, pero eso va al gusto.

6.- Para que quede el efecto marmolado, cogemos el molde y vamos echando un poquito de cantidad de cada masa, sin mezclarlas para que se diferencien bien los dos colores.

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7.- Introducimos el molde en el horno con calor arriba y abajo a 180ºC unos 50-60 minutos. Hasta que al pinchar la masa con un palito salga limpio.

8.- Cuando lo saquemos del horno lo dejamos templar en una rejilla y cuando haya bajado de temperatura considerablemente, lo desmoldamos y lo dejamos que enfríe completamente.

¡Vamos a por la ganache!

1.-Mientras que se termina de enfriar nuestro BundtCake, ponemos en un cazo a hervir la nata.

2.- Cuando llegue al punto de ebullición retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Removemos hasta que se funda completamente el chocolate.

3.- Añadimos el licor, removemos y dejamos que temple.

4.- Cuando el Bundt Cake esté frío lo bañamos con la ganache y dejamos que termine de enfriar y cauajar… Si eres capaz… 🙂

Si no quieres añadir la parte de chocolate de la masa, puedes hacerlo completamente de naranja y en vez  de la ganache hacer un glaseado de naranja, ¡te quedará genial igualmente!

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¡Espero que os haya gustado!

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Tortas de Carnaval

IMG_6007¡Hola a todos!

Quería haber publicado este post a principios de semana (¡quería haber hecho tantas cosas aquí!), pero no me ha dado la vida… Os tengo muy abandonados, lo sé. Pero a eso voy a ponerle fin en estos días.

Tengo preparadas un par de entradas que quería compartir con vosotros, pero debido a la época en la que estamos. ésta era la que urgía más. Nada más y nada menos que «Tortas de carnaval». Vale, el carnaval oficialmente terminó ayer, pero en Cádiz, donde yo vivo, aún nos queda carnaval… Ni siquiera estamos en el ecuador. Así que según mi calendario «gaditano-festivo», estoy dentro de los plazos.

Podría pasarme horas hablando del carnaval de Cádiz a ritmo del 3 por 4, de cómo la gente se tira a las calles donde realmente está el espectáculo después de que haya terminado el COAC (concurso oficial de agrupaciones del carnaval de Cádiz), del colorido del que se tornan sus calles, de las coplas que las inundan…

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Domingo de Coros junto al Mercado Central

Pero hoy el protagonismo lo tienen este dulce típico de esta fecha y de mi tierra. Sin complicaciones, con ingredientes básicos y con un horneado rápido, ¡una receta al alcance de todos! Ahora… He de avisar que una vez que las tengáis fuera del horno no seréis capaces de comeros sólo una, ¡y la que avisa no es traidora!

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¡Tatatachán! Aquí van los ingredientes:

  • 125 gr. de azúcar
  • 125 gr. de manteca de cerdo
  • 250 gr. de harina de trigo
  • Una cucharadita de canela
  • La ralladura de un limón
  • Semillas de sésamo para decorar

¡Vamos a allá!

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1.- Para que el azúcar quede más integrado en la masa, lo he pulverizado junto con la piel del limón con ayuda de una picadora (en mi caso Thermomix). Unos golpes de turbo de manera que los granos se hacen mucho más pequeños, al igual que el limón.

2.- Una vez lo tengamos, mezclamos con la manteca de cerdo hasta que quede integrado.

3.- Añadimos la harina y volvemos a integrar amasando con las manos.

4.-Por último añadimos la cucharadita de canela y seguimos amasando hasta que quede bien compacto.

5.- Envolvemos la masa en un film transparente y metemos en el frigorífico una media hora. Esto lo hacemos para que la manteca se endurezca un poco y nos sea más fácil cortar nuestras tortas. Cuando falten unos diez minutos, vamos precalentando el horno a 180ºC.

6.- Sacamos la masa de la nevera una vez transcurrido el tiempo y amasamos. El espesor debe ser como de un dedo (he de decir que las mías quedaron más finas, pero lo ideal es que sean más gorditas).

7.- Con la ayuda de un cortapastas (la forma original es de estrella de más de 5 picos, pero puedes echarle imaginación), vamos cortando la masa.

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8.- Ponemos un papel antiadhetente en la bandeja del horno y vamos colocando nuestras tortas. Antes de meterlas a hornear, las he decorado un poco con semillas de sésamo.

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9.- Horneamos durante 15-20 minutos a 180ºC, y una vez estén fuera del horno, dejar enfriar por completo (¡si las tocáis calientes se parten!).

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Rita, mi vigilante de que no se quemen las tortas

 

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¡Y hasta aquí la receta! ¡A disfrutarlas!

Espero que os haya gustado esta maravillosa y facilísima receta tradicional de mi tierra.

¡Nos vemos prontito!

Ana.

 

 

Loaf Pan de Limón y Miel

IMG_3332¡Hola a todos!

Firmemente creo que hay dos tipos de recetas: las que llevas dándoles vueltas una semana, que si comprando ingredientes, que si calculando los tiempos para organizarte… Y después están esas recetas «salvavidas» o mejor dicho «salvameriendas» (como ha sido en este caso) que sabes que vas a tener todos los ingredientes en la despensa (siempre y cuando tengamos un «kit de supervivencia») y que para lo resultonas que son, se hacen en un abrir y cerrar de ojos.

Pues la receta que os traigo hoy es de las segundas. Fácil, rica y siempre es un acierto seguro. Y aunque esta vez no ha sido un «salvameriendas», si fueron unas ganas locas de estrenar el nuevo molde de Nordic Ware, jurjurjur… ¡El espléndido Heritage Loaf Pan estaba en mis manos! Después de mucho decidirme y esperar, por fin conseguí traerlos para venderlos en mi tienda (si no sabéis cual es, aquí os dejo el enlace de facebook), ¿Y para quién fue el primer molde? ¡Pues para mi madre! Pero lo probé yo antes que ella…Eso sí, en su casa. Ya sabéis eso del #ansiaviva… img_3343.jpg

Molde en mano, limpito y listo para usar… Pero, ¿qué hago? Tras echar un ojito su despensa y ver que, en comparación con la mía sólo tenía lo básico y no las semillas de diente de dragón, el pelo rosa de la cabellera de un unicornio, ¡ni siquiera las hojas del árbol milenario de la eterna paciencia! Mis posibilidades se redujeron considerablemente obligándome a hacer una receta de esas de toda la vida, de las de mojar en el café y repetir. Y repetir.

Me acordé entonces de las chicas del blog de I Love Bundt Cakes, que a parte de usar este tipo de moldes, tienen recetas fáciles, riquísimas y de esas que como he dicho antes, nunca fallan (¡a parte de que tengan un blog precioso!)

Y la receta elegida fue un bizcocho de miel y limón, o como lo llaman ellas un «cake», la cual he adaptado un poquito, pero si queréis ver la receta original, éste es el enlace. Y la mía es la siquiente:

Ingredientes:

  • 3 huevos
  • 160 gr de azúcar
  • 70 gr de miel
  • 70 gr de aceite de girasol
  • 125 gr de yogur de limón
  • 80 ml de zumo de limón
  • 10 gr de levadura
  • 240 gr de harina
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • Ralladura de un limón

Para el glaseado he usado:

  • 150 gr de azúcar glass
  • 2 cucharaditas de miel
  • Zumo de limón hasta que obtengamos una consistencia espesita, pero que podamos verter

img_3341.jpg¡Manos a la obra!

1.- Lo primero de todo, (o lo que como deje para lo último siempre se me olvida…) es engrasar el molde. Con un spray desmoldante o sino tenéis con un papel de cocina suave engrasado levemente en aceite, lo preparamos. Precalentamos a su vez el horno a 170ºC con calor arriba y abajo.

2.- Con ayuda de una amasadora o brazo eléctrico mezclamos los huevos con la miel, el azúcar y la ralladura del limón. Batimos unos 8-10 minutos hasta que doble su volumen y adquiera un color amarillo pastel.

3.- Agregamos el yogurt y el zumo de limón.

4.- Poco a poco vamos añadiendo el aceite batiendo a baja velocidad o haciéndolo a mano.

5.- Tamizamos la harina, la levadura y el bicarbonato y agregamos mezclando bien para que todo quede homogéneo.

6.- Vertemos la masa en el molde e introducimos en el horno. 40 minutitos a 180ºC, aunque yo no le quito ojo y si empieza a adquirir consistencia y un tono doradito caribeño, pincho con un palito para comprobar.

7.- Una vez templado, desmoldamos y dejamos enfriar. (¡No lo toques y déjalo enfriar que aún queda lo mejor, nada de quitar un trocito!)

¡Ahora vamos a por el glaseado!

1.- En un bol agrega el azúcar glas y la miel, remueve hasta que te quede hecho una masa.

2.- Ve agregando poco a poco zumo de limón hasta que la consistencia sea líquida pero espesa.

3.- Cuando el bizcocho esté frío y lo vayas a servir, derrama por encima «descuidadamente pero con arte» el glaseado… Y ahora sí, ¡a disfrutar!

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Espero que os haya gustado la receta de hoy.

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Brownie de Calabaza

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No queda ni una semana para que termine octubre y aquí seguimos, en manga corta y sin guardar la sombrilla de la playa… ¡Casi no me he dado cuenta de que Halloween estaba a la vuelta de la esquina! Pero es que mi mente es incapaz de asociar esa fecha en la que ya va apeteciendo una rebequita… ¡Con este calor! Y claro, si sigue haciendo calor, ¿quién quiere encender el horno? Pues yo.

Si señores, a las altas temperaturas de mi casa he decidido subirle un par de graditos más poniendo la maquinaria en marcha a 180ºC… Pero es que tenía que probar este brownie de calabaza y enseñároslo por si queréis hacerlo en el puente, o no puente, que tengáis para el día 31.

Sé que lo ideal para esta fecha es elaborar algo tremendamente terrorífico (como los fantasmitas que hicimos el año pasado, te dejo el enlace aquí por si queréis revisarlos), pero este año me he decantado por algo que está a medio camino entre la tradición (aquí es donde entra la calabaza), y el monillo de dulce y chocolate que nos entra los domingos y los días de fiesta (aquí es donde entra el brownie).

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Y ya que estamos metidos en tertulia y sabiendo lo que me gusta buscarle el porqué a las cosas (espero que todo esto algún día nos sirva a todos para ganar quesitos en el Trivial…), ¿sabéis de donde viene la tradición de decorar las calabazas en Halloween? Bueno, bueno… ¿Sabéis de donde viene la tradición de celebrar Halloween? Pues sorprendentemente, no es cosa de los americanos (aunque en España sigamos diciendo que esta fiesta es una «americanada»), la culpa de todo este follón la tienen… ¡los irlandeses! ¡Y sobre todo los celtas! ¡Ea, está más cerca de lo que nos creíamos!

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Resulta que los celtas creían que al final del verano se abría la barrera entre el mundo de los humanos y de los espíritus. Fecha que concretamente coincidía con el 31 de octubre (esperemos que este año se abra la barrera a las borrascas y al invierno). Esa noche, las brujas, los duendes y las almas en pena, salían para incordiar a quienes les habían hecho daño en vida… ¡Buh! Por otro lado, el símbolo de las calabazas decoradas, que también tiene que ver con ellos, se debe a que una leyenda irlandesa cuenta que Jack, fue tan malísimamente malo en vida, que al morir no lo quisieron ni en el cielo, ni en el infierno. Su condena fue vagar por la eternidad como un alma solitaria llamando a las puertas de uno y otro sitio para que lo dejasen entrar. En ese camino tan sombrío, sólo disponía de una calabaza vacía con una vela adentro que le servía de lámpara. Como el 31 de octubre hemos dicho que era cuando se abrían las puertas al mundo de los humanos, Jack vagaba por las calles con su calabaza encendida, llamando a las puertas por si alguien le dejaba entrar. Y de ahí que decoremos las calabazas en esta fecha y que los niños disfrazados, vayan de puerta en puerta.

Me enrollo como las persianas, lo sé, pero no me olvido de la receta… ¡jurjur! Así que encendamos el horno, ¡y manos a la obra!

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Ingredientes:

  • 50 gr. de nueces picadas
  • 50 gr.  de pasas sin pepitas ni hueso, troceadas (podéis echarle los frutos secos que queráis)
  • 150 gr. de calabaza rallada
  • 4 huevos medianos
  • 150 gr. de azúcar moreno
  • 75 gr. de aceite de girasol
  • 150 gr. de harina integral (también podéis usar la normal)
  • 1 sobrecito de levadura
  • 1 cucharadita de bicarbonato (opcional)
  • 2 cucharadas de canela en polvo
  • 1 pizca de sal
  • 175 gr. de chocolate negro para fundir
  • 175 gr. de nata (35% de materia grasa mínimo)
  • Almendritas laminadas para decorar

1.- Comenzamos precalentando el horno a 170ºC y engrasando un molde rectangular (puedes usar cualquier otro, pero al ser un brownie queda mucho mas bonito así)

2.- Vamos a montar los huevos con el azúcar ayudándonos con unas varillas electricas. Deben coger un tono blanquecino y aumentar de volumen. Esto te llevará unos 5 minutos.

3.- Agregamos la calabaza rallada, el aceite, la canela y la sal. Removemos mezclando.

4.- Tamizamos la harina junto con la levadura y el bicarbonato y la vamos agregando poco a poco, removiendo y evitando que se nos queden grumitos.

5.- Por último, añadimos los frutos secos picaditos. En mi caso eran nueces y pasas. Con ayuda de una espátula y con movimientos envolventes, vamos integrándolos.

6.- Vertemos la masa en el molde engrasado y metemos en el horno. Programamos unos 20 minutos a 180 ºC y vamos comprobando con un palito si está a punto nuestro brownie.

7.- Mientras que tenemos la masa en horno, vamos a preparar la cobertura de chocolate. Para ello llevamos la nata a ebullición en un cazo. Cuando la tengamos, añadimos el chocolate negro troceado y vamos removiendo hasta que el chocolate quede totalmente derretido en la nata.

8.- Reservamos la cobertura en un bol y dejamos que temple a temperatura ambiente.

9.- Una vez tengamos el bizcocho fuera del horno y muy templado, casi frío (vale, puedes esperarte a que se enfríe completamente), bañamos la superficie con la  cobertura de chocolate que teníamos reservada. Si ha espesado mucho, introdúcela en el microondas en modo «descongelación» durante 30 segundos para que vuelva a ablandar.

10.- Una vez tengas tu brownie bañando en el chocolate, puedes decorarlo. Yo he usado láminas de almendritas que tenía en casa, ¡pero es cosa tuya echarle imaginación!

11.- Para que la cobertura del brownie quede más compacta, puedes meterlo en el frigo y sacarlo un ratito antes de comértelo.

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¡Espero que os haya gustado la receta de hoy! Es increíblemente sencilla y la verdad es que si la hacéis no sobrarán ni las miguitas… ¡Os lo digo yo!

Nos vemos prontito… Y cuidado con las brujas de Halloween… ¡Buuuuhhh!

Ana.

Bizcocho de Hibiscus y semillas de amapolas

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¡Hola a todos!

Casi sin darnos cuenta estamos en octubre y aunque eso de encender el horno aún apetece poco con este calor que no se va, el fin de semana pasado lo encendí para hacer un bizcocho que llevaba días dándole vueltas.

Hace un par de semanas me di una vuelta por el mercado de abastos de Chiclana (¡me encantan los mercados de abastos!), y estuve reponiendo algunas especias, comprando pescado y verduras… Y encontré flores de hibiscus deshidratadas. Me traje una cajita para casa y enseguida pensé en incluirlas en algunas de mis recetas y darles un toque diferente.

El Hibiscus es una flor que siempre he tenido presente en mi vida, desde pequeñita las veía en el jardín de mi abuela y años más tarde, mi madre las ha cultivado de varios colores y tipos. Aunque yo esté acostumbrada a verlas desde siempre, al decir Hibiscus a todos se nos viene a la cabeza Hawai, las camisas floreadas y el Hula … Pero queridos amigos, a mi me gusta rascar en todo y buscando un poco más sobre esta planta, he encontrado que a parte de ser la flor típica del estado de Hawai, tiene significados y usos que desconocemos… ¿Sabíais que allí son símbolo de abundancia, bienestar y alegría? Suelen regalarse enlazadas en forma de collares a modo de saludo, en las bodas, o como muestras de respeto. Además si una chica hawaiana lleva una flor de Hibiscus en la oreja izquierda, es que esta comprometida, mientras que si la lleva en la derecha es que está soltera. ¡Cuántas cosas en una sola flor!

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Si hablamos de las propiedades del Hibiscus, nos encontramos con que es un buen ansiolítico, favorece la buena circulación, es diurética y antioxidante, y tiene un alto contenido en vitamina C, ¿algo más? Pues sí, que en infusiones o deshidratadas como las que he encontrado yo, ¡están riquísimas! Y ya si las incluimos en un bizcocho, ni os cuento…

La otra gran protagonista de la este bizcocho es la amapola, presente en forma de semilla. Pero de ella y de sus propiedades hablaremos más adelante, ¡lo prometo!

Sin enrollarme más, empezamos con la receta.

Ingredientes:

  • 210 gr. de harina
  • 210 gr. de harina integral (yo le he puesto esta combinación, pero puedes variarla mientras que en total sean 420 gr. de harina)
  • Ralladura y zumo de medio limón
  • Una cucharadita de bicarbonato sódico
  • Una cucharada de levadura química.
  • 3 huevos
  • 260 gr. de azúcar
  • 125 ml de aceite de girasol
  • 125 ml de aceite de oliva (podéis usarlo todo de girasol, pero a mi me gusta el toque que le da el aceite de oliva)
  • 250 ml de leche
  • 1 Una cucharadita de comino molido
  • 1 Pizca de sal.
  • Flores de Hibiscus deshidratado picaditas
  • Dos cucharadas de semilla de amapola

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¡Manos a la obra!

  1. Antes que nada engrasamos un molde ( yo he usado uno rectangular de Lékué) y precalentamos el horno a 170ºC
  2. Batimos lo huevos con ayuda de una batidora, a velocidad media hasta que dupliquen su volumen. Esto te llevará unos 5-7 minutos y su textura se convertirá en más espumosa y de un color pastel.
  3. En un bol mezclamos los ingredientes secos: las harinas tamizadas (este paso siempre nos lo saltamos y es super importante, si no lo hacemos bien aparecerán los temidos «grumitos») con el bicarbonato, la levadura, la sal, la cucharita de comino y la ralladura de limón.
  4. Cuando tengamos los huevos listos, sin dejar de remover añadimos el zumo de limón, los aceites y la leche.
  5. Una vez estén los ingredientes líquidos bien integrados, poco a poco y sin dejar de remover suavemente, vamos añadiendo la mezcla de los ingredientes secos.
  6. Por último añadimos las dos cucharadas de semillas de amapolas y la mitad de las flores picaditas. Volvemos a remover suavemente.
  7. Vertemos la mezcla en el molde y añadimos por encima la mitad de las flores picaditas que teníamos reservadas.
  8. Horneamos unos 30-40 minutos a 180ºC hasta que al introducir un palito salga limpio.

¡Ya tenemos listo nuestro bizcocho!

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Tal y como se ve en las fotos tiene una textura espectacular ¡y muy esponjosa!

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En mi casa gusto muchísimo. ¿Te animas tú a hacerlo?

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Mojito

Vale, hasta dentro de un par de semanas no dejamos atrás el verano… Pero cuando llega septiembre, los pocos días que nos quedan de él son como la antesala del jersey de cuello vuelto. Aunque queden tardes de playa y noches de cervecitas, inevitablemente ya hemos cambiado el «chip» (quédense fuera de esta afirmación todos aquellos privilegiados tardíos que empiezan sus vacaciones ahora… ¡La playa es vuestra!)

La semana pasada ya me fui despidiendo de la sombrilla, pero esta aún tengo que despedirme de algo tremendamente importante para mi. Algo sin que mis veranos no serían lo mismo, tendrían, ¿cómo decirlo? Mmm, otro sabor. Estoy hablando de los «Mojitos». Si en verano podría vivir de comer salmorejo y helado de menta y chocolate (eso es otra historia que ya os contaré…) también podría vivir de beber sólo Mojitos. Ni siquiera sé porqué cuando me siento en una terracita y/o chiringuito pido la carta de cocktails, si siempre acabo pidiendo lo mismo. Mojito, y a ser posible moreno, de ron negro (tiquismiquis, o como queráis llamarme) Mis mejores historias veraniegas vienen acompañadas de un Mojito en la mano. Cupido me lanzó sus flechas en forma de cocktail… ¡Y sigo cayendo en sus redes!

 

Pero, ¿sabíais que tomar un Mojito no fue siempre «agradable»?  Mucho antes de que Hemingway lo tomase en la «Bodeguita del Medio» en La Habana, y lo hiciese famoso, mucho antes fue una especie de medicamento que se les daba a los marineros en sus largas travesías. La diferencia es que en vez de usar ron, eso vino después, usaban un aguardiente de muy baja calidad diluido en agua, donde el alcohol aportaba calor, el agua lo hacía mas llevadero y al mezclarlo con el limón y la menta, prevenían el escorbuto y el mal aliento, a la par que hacerlo más llevadero de tomar… (dista mucho de mi idea de Mojito perfecto viendo una puesta de sol en la playa totalmente a gusto en mi hamaca). Con el paso de los años, el aguardiente se fue sustituyendo por el ron y empezamos a cogerle el gustillo, hasta el punto de ser uno de los cocktails más internacionales a día de hoy.FullSizeRender (1)

¿Es difícil preparar un Mojito? ¿Llevan ron blanco o negro? ¿Azúcar blanquilla o de caña? ¿Hierbabuena o menta? ¿Limón o lima? Señores, aunque el original lleva ron blanco, azucar blanquilla, hierbabuena y limón, para gustos los colores y variantes. Mientras que no sea un preparado de esos que venden en botellas (eso sería como si en un restaurante nos pusieran gazpacho de bote o paella precocinada…), cualquier opción con un mínimo de cariño, para mi es válida. En este post voy a enseñaros cómo lo hago yo, a mi gusto y como le tocan las palmas en mi casa. ¡Espero que a vosotros también!

¡Vamos allá!

Ingredientes:

  • Ron negro
  • Hielo picado
  • Hojas de hierbabuena
  • Azúcar moreno de caña
  • Agua con gas
  • Limas
  • Un poquito de «sabrosura» (ups!! Eso se ha colado, pero también es indispensable)

 

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Ramitas de hierbabuena y menta en flor

 

  1. Lo primero que vamos a hacer es buscar un vaso ancho de unos 400 ml y yo los preparo uno a uno.
  2. Vamos a cortar las limas en cuartos, y en cada vaso vamos a poner 4 cuartos de lima.IMG_2094
  3. Añadimos unas hojitas de hierbabuena (con un par de ramitas estaría bien), y una cucharada sopera de azúcar moreno de caña.IMG_2098
  4. Con un macerador de cocktails o el mazo de un mortero, vamos a aplastar los tres ingredientes en el fondo del vaso hasta que la lima y la hierbabuena suelten su jugo. Si dejamos macerando esta mezcla un ratito el sabor será más intenso, si eres un ansia viva como yo, podemos seguir.
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    Macerador de cocktails y exprimidor manual. También podéis exprimir un poco de zumo de lima y añadirle otros trozos enteros.

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    Yo prefiero usar el macerador.
  5. Llenamos el vaso prácticamente entero con hielo picado y a continuación echamos un chorrito de ron, eso va al gusto, pero con la parte grande de un medidor de licores, unos 30 ml, tendríamos más que suficiente (el caso es que sea agradable y refrescante).IMG_2106
  6. El resto del vaso lo vamos a rellenar de agua con gas. Si eres muy goloso, puedes rellenar mitad de agua con gas y mitad de un refresco de lima.
  7. Adornamos el vaso con una ramita de hierbabuena y ya podemos disfrutar de él.FullSizeRender

Yo voy a aprovechar los últimos coletazos del verano este fin de semana y os aseguro que algún Mojito caerá.

Y vosotros, ¿vais a caer en la tentación?

Nos vemos prontito.

Ana.