Muerte por chocolate

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Cuenta una leyenda Azteca que el dios Quetzalcóatl, representado como la serpiente emplumada, era un dios bondadoso y de buen corazón que enseñó a los aztecas artes como el de la agricultura, la astrología o la medicina. Un dios que detestaba la guerra y la violencia por encima de todo, el sufrimiento y los sacrificios. Enseñó a su pueblo a vivir en paz y a que los buenos valores prevalecieran sobre los demás. Cada cierto tiempo emprendía viajes en los que seguía divulgando su sabiduría más allá de sus fronteras,  y en los que iba enseñando que siempre hay muchísimos caminos alternativos a la violencia.

Sin embargo, mientras se encontraba en unos de sus viajes, su oponente Tezcatlipoca, conocido como el mago negro y totalmente opuesto a Quetzalcóalt, aprovechó para invadir la cuidad donde se encontraba la esposa de éste, asesinándola y desterrando así a Quetzalcóalt de su propio reino. La princesa aguantó y aguantó hasta su último suspiro el asedio para que Tezcatlipoca, no llegase al trono de la ciudad. Sin embargo al no llegar su marido a tiempo, su muerte fue inevitable…

Cuenta esta leyenda, que allí mismo donde murió ella, brotó el árbol del cacao, cuyo nombre fue «cacahuaquahitl». De él crecieron frutos con un sabor amargo, como el sufrimiento de la princesa. Fuerte, como lo había sido ella ante el asedio, y oscuro, como su sangre al derramarse.

Aunque me contaron varias leyendas cuando estuve en México, personalmente esta es la que más me gusta (¿a quién no le gusta que detrás de algo como el cacao haya una historia de amor?). Todas coinciden con que el dios Quetzalcóalt, fue quien bajó de los cielos de una manera u otra, este alimento sagrado para los mayas y aztecas. El fruto del cacao fue utilizado incluso como moneda de cambio, pero su mayor consumo fue en una especie de bebida caliente a la que añadían especias y llamaron «tchocolatl», nombre del que ha derivado nuestro Chocolate.  Recetado incluso por los médicos como estimulante y reconstituyente, sus usos y consumo situaban al cacao como uno de los alimentos más sagrados e importantes de su cultura.

Ciertas o no todas las leyendas, lo único que si podemos afirmar es que, uno de los mayores culpables de nuestro vicio por el chocolate, fue Hernán Cortés, quien en 1524, envió el primer cargamento de cacao a España. Gracias Hernán… Gracias a ti la «operación bikini» se complica seriamente cada año…

Y aunque en este momento hayáis atado cabos y penséis que el nombre de esta tarta tiene que ver con la leyenda que os acabo de contar (Muerte por chocolate… La muerte de la princesa… México… Chocolate…), siento decir que no. No tiene nada que ver ni con la cultura azteca, ni con la maya, ni siquiera con la gastronomía mexicana… Aunque sea en los restaurantes mexicanos donde más frecuentemente nos encontremos este tipo de postre. Su origen o su nombre, dicen por ahí, que se lo debemos a un estadounidense llamado Eric Russell, quien probando recetas con chocolate consiguió hacer esta tarta y al degustarla y comprobar lo buenísima que estaba, exclamó: «¡Es la muerte por chocolate!» Como hemos exclamado más de uno de nosotros al comerla…

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Sin embargo, no quería dejar pasar esta ocasión, ya que de chocolate trata el asunto, para contaros la preciosa leyenda. La historia que hay detrás de mi tarta, esta que estáis viendo en las fotos, también es de sufrimiento… Preparar una tarta así en agosto, en plena ola de calor, es un trabajo que se multiplica por diez… Las ganaches no se enfrían como debiesen, y al sacarla del frigorífico hay que consumirla rápidamente o empezará a derretirse… Pero era el cumpleaños de mi padre y siendo él un buen amante del chocolate, me veía en el deber y/o obligación de hacerla. Así que sin enrollarme más empiezo con la receta, que podemos dividir en tres partes, dos ganaches y los bizcochos.

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Ingredientes para los bizcochos:

(Yo he usado 3 moldes de 15 cm desmontables de Kitchen Craft pero podéis usar uno de 20 cm y cortar el bizcocho por la mitad una vez esté desmoldado y frío).

  • 6 huevos
  • 200 gr de azúcar
  • 150 gr de mantequilla
  • 150 gr de chocolate negro  (cuánto más negro mejor)
  • 150 gr de harina
  • Una cucharada de bicarbonato.

Ingredientes para la ganache de relleno:

  • 650 ml Nata para montar (mínimo 35% de materia grasa)
  • 40 gr de azúcar
  • 200 gr de chocolate negro
  • 5 cucharadas de maicena.

Ingredientes para la ganache de cobertura:

  • 200 gr de chocolate negro
  • 200 gr de nata líquida
  • 20 ml de licor (yo he usado ron, pero podéis poner el que más os guste)

¡Empezamos!

Lo primero que vamos a hacer son las ganaches.

Comenzamos con la de relleno:

  1. Ponemos a hervir la nata con el azúcar, removiendo de vez en cuando para que no se nos quede pegado. Mientras hierve troceamos el chocolate.
  2. Una vez que llegue al punto de ebullición, retiramos del fuego y añadimos el chocolate poco a poco, hasta que se funda completamente en la nata.
  3. Volvemos a poner en el fuego, pero lento, y vamos agregando una a una las cucharadas de maicena. Vemos como va espesando (si ves que no espesa lo suficiente, puedes añadir más maicena hasta que quede a tu gusto).
  4. Guardamos en un bol y dejamos que atempere. Después conservamos en el frigorífico al menos 4 horas.

Seguimos con la ganache de cobertura:

  1. Realizamos el mismo proceso que con la ganache anterior. Llevamos a hervir la nata. Mientras troceamos el chocolate.
  2. Cuando hierva, añadimos el chocolate y removemos para que se funda completamente.
  3. Es el momento de añadir el licor. Removemos y reservamos en un bol.
  4. Cuando atempere, conservamos en la nevera al menos 4 horas.

¡A por los bizcochos!

  1.  Antes que nada precalentamos el horno a 180 ºC y engrasamos los moldes.
  2. Troceamos el chocolate y lo fundimos con la mantequilla en un cazo o en el microondas. Una vez lo tengamos fundido e integrado, dejamos que baje de temperatura.
  3. Batimos los huevos con el azúcar ayudándonos de unas varillas eléctricas (¡Ojo! Si eres un crack de gimnasio y te ves con ganas, puedes hacerlo a mano…) Tienen que triplicar su volumen y coger un tono amarillo/blanquecino. Esto te llevará un ratito… (7-10 minutos)
  4. Añadimos el chocolate atemperado y seguidamente la harina y el bicarbonato. Removemos con una espátula y mucho amor hasta que toda la masa nos quede homogénea y sin grumitos de la harina.
  5. Repartimos la masa en los tres moldes que ya teníamos engrasados y los metemos en el horno uno 15-20 minutos a 180ºC. Ve comprobando con un palito.
  6. Una vez los tengamos y hayan enfriado un poco, los desmoldamos y en una rejilla dejamos que enfríen completamente.

¡Vamos con el montaje de nuestra Muerte por Chocolate!

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  1. Como verás a los bizcochos les habrá salido una «boina» en la parte superior. Con una lira o un cuchillo de sierra corta lo sobrante y deja los bizcochos lo mas rectos que puedas. ¡Pero no tires, ni te comas lo que ha sobrado! Después te voy a dar una idea…
  2. Con la ayuda de una espátula ve aplicando entre bizcocho y bizcocho capas de la ganache de relleno y ve montando.
  3. Cuando tengas los 3 bizcochos montados, pon una última capa en la superficie de la tarta de la ganache de relleno.
  4. Los laterales los vamos a cubrir con el otro tipo de ganache, la que llevaba el licor. No hace falta que te quede totalmente liso, puedes ir untando la ganache con la espátula a tu gusto.
  5. Yo he «decorado» mi Muerte por Chocolate un poco con fideitos de chocolate, pero eso ya lo dejo a tu gusto.
  6. Una vez tengas la tarta terminada, deja que vuelva a enfriar en el frigorífico al menos otras 3 horas (de un día para otro está aún más buena).FullSizeRender (5)

¡Y ahora viene la super idea!

Con los sobrantes del bizcocho y las ganaches, he hecho helado… ¡Tachán! Lo único que he hecho ha sido batir un poco las ganaches (cada una por separado) y en un recipiente apto para congelar, he ido aplicando capas de ganache y de los bizcochos sobrantes… Realmente no sé que estaba mejor, si la tarta o el helado…

¡Espero que os haya gustado!

Nos vemos prontito.

Ana.

Paella rápida y fácil.

Por muy cocinitas que seamos, como la comida de «mamá» no hay nada…

Tienen ese «je ne sais quoi» , como ese punto de más cargado de ilusión que le ponemos a nuestras recetas cuando estamos cocinando para alguien: «Te vas a chupar los dedos, no te va a gustar ¡te va a encantar! Te va a faltar pan para mojar, te vas a acordar de mi plato y de lo bien que comiste toda tu vida, se te van a caer dos lagrimones cuando lo pruebes… Si a los hombres se les conquista por el estómago ¡ja! ¡Tú ya eres mío!».  Y supongo que será ese mismo toque el que le ponen ellas pero elevado a un millón de millares. Podremos tener más maña o menos, más tino con la sal o menos, pero el toque mágico de una madre, no lo tendremos nunca.

Os cuento todo esto porque al vivir sola, de vez en cuando, una se pone melancólica al recordar los platos de mamá. Sobre todo la paella. Perdón, La Paella de Mamá, con mayúsculas. Pero claro ni todos los días son domingos, ni tenemos el mismo tiempo, ni siempre estamos al lado de las mejores cocineras del mundo. Así que como decía por ahí un tal Albert Einstein » En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento»… Y amigos míos,  tener ganas de comer paella y no poder, es una crisis bastante seria.

Fue así, como en un día gris, de esos en los que no tienes ganas ni de mirarte al espejo pero matarías por vivir como una marquesa, cuando se me encendió de nuevo la bombillita. Corrí a la despensa y al frigorífico comprobando que tenía los ingredientes. Tenía el microondas (sí sí, el microondas), tenía el maravilloso cocedor de arroz de Lékué y tenía materia prima. Lo que me faltaba, como siempre, era tiempo y ganas de ensuciar la cocina. Aún así, me lié la manta a la cabeza y me salió un plato bastante resultón, que aunque no tiene nada que ver con una paella tradicional por su preparación, me sirvió para darme el gustazo. FullSizeRender (14)

FullSizeRender (2)Lo primero que tenía que tener en cuenta es que al cocinar arroz en el microondas, las recetas van un poco «al revés» que de la manera tradicional, digan lo que digan las abuelas y madres. Necesitamos que los ingredientes más «duros», por decirlo de alguna manera, tengan más tiempo de cocción, mientras que no tenemos que preocuparnos de que no se absorban bien los sabores, porque en el microondas ese proceso de «maceración» se aligera muchísimo. Pero para que me entendáis mejor os cuento como la hice yo, ¡vamos allá!

Ingredientes:

  • 60 gr de arroz Basmati (era el que yo tenía en casa, os lo cuento sin trampa ni cartón)
  • 230 ml de agua
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Trocitos de sepia limpia
  • Un cuarto de pimiento verde
  • Un cuarto de pimiento rojo
  • Un par de cucharadas de tomate frito (yo uso uno ecológico, también podéis usar tomate natural rallado)
  • Cebollita picada
  • Unas gambitas
  • Un par de cucharadas de colorante alimenticio (podéis sustituir una de las cucharadas por «saborizante de paella»)
  • Limón para decorar y aliñar.IMG_1538

1.- Lo pimero que tenemos que hacer es lavar un poco el arroz para que suelte almidón. Yo lo vierto en un colador y lo pongo bajo el chorro del grifo de la cocina, lavándolo con abundante agua fría.

2.- Después lo vamos a introducir en el cocedor de arroz de Lékué, junto con el agua y el aceite. Programamos 6 minutos a 800 watios. Mientras vamos picando los pimientos y la cebolla.

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3.- Una vez lo tengamos le añadimos los pimientos y la cebolla. Removemos y volvemos a meter en el microondas 2 minutos a 800 watios.

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4.- A continuación incorporamos las gambitas, la sepia y el tomate. Removemos de nuevo y programamos 2 minutos a 800 watios.

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5.- Lo último que nos queda por añadir es la sal y el colorante alimenticio. Mezclamos todo bien y programamos un último minuto a 800 watios. Cuando termine, volvemos a remover y tapado, dejamos reposar un par de minutos. ¡Ya tenemos nuestro arroz!

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Acompañamos con un buen vinito, ¡y a disfrutar!

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¡Espero que os haya gustado!

Nos vemos prontito.

Ana.

Tarifa

Hace casi un año que empecé a publicar en el blog, y a lo largo de todo este tiempo me he dado cuenta de que el mundo de la cocina, gastronómico, foodie o como queráis llamarle, va mucho más allá de publicar una receta con fotos bonitas y apetecibles. Para mi se está convirtiendo en toda una forma de vida, donde cada ingrediente, color, olor y sabor se convierte en toda experiencia. Pero no sólo eso, también he aprendido que el entorno donde disfrutamos de la buena mesa es un factor más que importante, y que son muchos los condicionantes que hacen que cada bocado sea mágico.

Así que un día se me encendió la bombillita y decidí abrir un nuevo apartado en el blog, en donde no sólo hable de la comida en sí, sino de todo lo que hay alrededor de ella. Un espacio donde compartir vivencias, lugares que a partir de ahora se volverán indispensables en mi agenda y que recomendaría una y mil veces a ti, que estás leyendo esto. Voy a intentar que os transportéis conmigo a los lugares por donde voy pisando y podáis sentir de la mejor manera posible, todo lo que yo estaba viviendo y sintiendo al otro lado del objetivo de mi cámara. Y sinceramente, no hay mejor manera de inaugurar este apartado que con una escapadita a Tarifa.

¡Vamos allá! Dale al play y sígueme que nos vamos a la playa.

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Ubicando a Tarifa en el mapa mundi, se encuentra en la provincia de Cádiz, al sur del sur de España y Europa. Justo cuando el continente está a punto de terminarse, ahí empieza ella. Conocida mundialmente por su viento de levante, es punto de referencia para todos los amantes del Kitesurf, Surf y Windsurf. Un pequeño pueblecito blanco costero que ve como su población se triplica en fechas clave como el verano. Tengo la suerte de que está situada tan sólo a una hora en coche de donde yo vivo, y aunque no recuerdo cuántos años tenía cuando mi padre me llevó la primera vez (sí recuerdo el helado de fresa que me comí, yo siempre igual…), creo que no ha pasado más de un año sin que haya ido a verla. Sus calles con huella árabe, su olor a mar, sus playas kilométricas, su inconfundible ambiente surfero… Invierno, otoño, primavera y por supuesto, verano, con amigas, alguna que otra escapadita romántica, de paso o estar varios días, Tarifa me conquistó ese trocito que tenemos en el corazón donde guardamos los lugares que nos hacen felices. Esta vez estuve un fin de semana con «mi mejor amiga del mundo mundial»,  y aunque a él todavía le faltan un par de meses para llegar al mundo, también venía Oliver en la barriguita de mi amiga.

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Llegamos el viernes por la tarde, y antes de instalarnos en el hostal, hicimos una paradita en el camino para darnos un bañito en la playa Valdevaqueros y tomarnos un tremendo mojito para merendar, (mi amiga sin alcohol, ¡por supuesto!) como tenemos por costumbre. El sitio elegido fue el «Beach Hotel Arte y Vida Tarifa», el cual tiene una terraza a pie de playa con tumbonas, mesitas y un gran césped donde tirar la toalla y disfrutar de sus maravillosos cocktails y batidos sin perder de vista el mar. A la derecha Punta Paloma, a la izquierda el pueblo de Tarifa y de frente el atardecer donde con cada sorbito a nuestro mojito y con cada nota de la música ambiental del chiringuito, el sol se va escondiendo a poquitos en el ancho azul. Todo un lujo.

Después nos dirigimos al hostal donde nos quedábamos a dormir la noche del viernes y el sábado, situado ya en el centro de Tarifa. Como he dicho antes, son muchos los años los que llevo yendo a este pueblo y son muchísimos los hostales, casitas y hoteles los que he conocido. Estoy acostumbrada a que sean sitios, que por un precio moderado,  sin personalidad en los que sólo buscas dormir y ducharte para volver a la playa o seguir con la fiesta. Sin embargo con el paso de los años y debido a que la imagen que mostramos de nuestro negocio es uno de los factores más importantes, la cosa ha ido mejorando considerablemente. Tanto ha mejorado, que al llegar al hostal nos llevamos una grata sorpresa por la claridad, limpieza, buen gusto con los pequeños detalles y por la amabilidad de su personal. Recomendable al cien por cien para una escapadita así, su nombre es L’Boutique Tarifa.

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Después de una buena duchita, nos dimos un paseo por las calles del centro buscando un lugar para cenar y terminamos sentándonos en un Mexicano, Ven a Mexico , (os dejo el enlace a Facebook porque no he encontrado su web). Sus nachos caseros al cien por cien, sus burritos y por supuesto, sus margaritas de sabores, son para chuparse los dedos. Además su increíble decoración cuidada al más mínimo detalle con sus preciosas mesas, sillas, paredes ¡e incluso techos! Nos transportan el corazón de México. Si os gusta la comida mexicana tanto como a mi, no dejéis de ir.

FullSizeRender (5)Sin embargo, para mi la joya de la corona, el gran descubrimiento gastronómico de este mini-viaje, ha sido el lugar donde desayunamos los dos días. El Café Azul. 

Zumos, cafés con opción a la leche que más te guste, macedonias, tostadas con varios tipos de panes, crepes, croissants… Todo muy fresco y de gran calidad. Como ellos mismos indican, sus desayunos tienen mucho encanto y una carta tan apetecible y bonita como el sitio en sí. No lo conocía, y ahora me arrepiento de los años que llevo sin desayunar allí (iría todos los días de mi vida…).

Eso sí, aunque la cola va rápida, lo ideal es no ir muy tarde porque gran parte de Tarifa desayuna allí. Indispensable, recomendable y por supuesto, riquísimo. Creo que las fotos hablan por sí solas.

 

 

Tras pasar el día de playa en Bolonia, ya que tuvimos la suerte de que no hacía nada de viento, volvimos al hostal y de nuevo a cenar al centro del pueblo. Tropezamos con un pequeño bar de tapas del que yo ya había oído hablar La Caracola.

IMG_1101Con una carta más que resultona y original, puedes sentarte a cenar en sus ventanales a pie de calle. Su interior de madera sin perder el toque surfero, su implicación con el arte y la sonrisa de su personal que no perdieron, a pesar de que se llenó y les era casi imposible moverse por allí, hacen que tomarte un vino y disfrutar de unas papas con mojo picón, sea todo un lujazo. Hamburguesitas de atún, pollo crujiente cajún, sus empanaditas criollas… Se me hace la boca agua sólo de recordarlo y se me mueven los pies porque además, tienen muy muy buen gusto musical. Chapó.

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Para terminar el fin de semana y acabar de coger fuerzas para volver el lunes al trabajo, pasamos el domingo en la playa de Valdevaqueros. Allí si que teníamos parada obligatoria para comer. Desde que empezamos a ir los veranos a Tarifa, uno de nuestros lugares favoritos siempre fue el Chiringuito Tangana 

A pie de playa, tienes la opción de comer a la carta o de prepararte tu propia ensalada o macedonia. Opciones fresquísimas y llenas de vitaminas para completar un día de playa, ya sea en tu toalla o practicando algún deporte en el agua. Al Igual que el sitio donde estuvimos el viernes por la tarde, cuenta con mesitas, un césped con tumbonas y cojines donde descansar o resguardarte del viento.

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¡Y hasta aquí hemos llegado! Recogemos la maleta, la sombrilla y volvemos a casa mi amiga, Oliver y yo.  A parte de todo lo que os he contado también he de decir que Tarifa tiene una intensa vida nocturna, sus calles se llenan de gente y discotecas tan importantes como Café del Mar, plantaron una sede allí hace ya algunos años. Pero en nuestra escapada el fin de una embarazada de 7 meses y una autónoma algo cansadilla, no era otro que desconectar, descansar y disfrutar de cada bocado. Hemos vuelto con las pilas cargadísimas, os lo puedo asegurar.

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¡Espero que os haya gustado! Y que los lugares os sirvan de referencia si os dejáis caer por este rinconcito del sur.

¡Nos vemos prontito!

Ana.

  • Música «Plage» de Crystal Fighters
  • Fotos con Iphone 7 Plus
  • Gracias a Irene, por el fin de semana y por aguantarme con las fotos 😉

Cheesecake de Chocolate y Baileys

 

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¡Hola a todos!

Sí, lo sé, vuelvo a estar perdida… Pero cuando casi no tienes tiempo ni para respirar, es muy difícil llevar todas las cosas bien. ¡Pero aquí estoy de nuevo! ¡Y con nuevo look! Estoy estrenando nueva imagen en el blog, y aunque le quedan algunos «retoquitos» ya no podía aguantarme más el «ansía viva» de publicar algo.

Creo que no había mejor re-inauguración que con una Cheesecake, pero oiga, ¡vaya cheesecake! Una adaptación de una receta de Alma Obregón, pero en este caso con un toque de queso mascarpone que no pasa desapercibido. Se hace al horno y lleva una ganache de chocolate, todo ello bien aliñadito, en este caso, con Baileys (aunque estoy deseando probarla con otro tipo de licor). La preparé para una cena que tuve hace unas semanas, y perdonadme que no haya fotos del corte de la tarta, ¡pero es que fue un visto y no visto! Aunque os puedo asegurar que como toda ella, era espectacular. Una receta, no demasiado complicada, resultona y evidentemente, deliciosa. La hice en un molde de 18 cm desmontable, el mío es Lékué y la verdad es que desde que los probé, pera este tipo de tartas no quiero otros. ¿Queréis la receta? ¡Pues ahí va!

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Ingredientes:

  • 160 gr de galletas (yo uso tipo Digestive)
  • 80 gr de mantequilla
  • 600 gr de queso de untar ( tipo Philadelphia)
  • 200 gr de queso mascarpone
  • 160 gr de azúcar
  • 60 gr de harina
  • 4 Huevos medianos
  • 70 ml de nata para montar (mínimo 35% materia grasa)
  • 80 ml de Baileys

 

Para el ganache de Baileys:

  • 170 gr de chocolate negro
  • 140 ml de nata para montar (mínimo 35% materia grasa)
  • 40 gr mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 70 ml de Baileys

 

¡Vamos allá!

  1. Prepara la base de la Cheesecake troceando las galletas hasta que queden molidas completamente. Cuando las tengas, derrite la mantequilla y añádesela a las galletas. Integra bien hasta que quede una masa.
  2. Forra la base del molde con la masa ayudándote con una cuchara, hasta que quede completamente cubierta y más o menos, homogénea. Reserva en el frigorífico mientras preparamos el relleno.
  3. Precalienta el horno a 180ºC
  4.  Ayúdate con un brazo eléctrico o batidora (también puedes hacerlo a mano) y a baja velocidad mezcla el queso de untar, con el mascarpone y el azúcar, hasta que todo quede integrado.
  5. Añade los huevos uno a uno sin dejar de remover
  6. Mezcla el Baileys con la nata, y añade. Remueve con un poco más de intensidad  alrededor de un minuto, hasta que la mezcla coja un poco de aire y cuerpo.
  7. Vierte la mezcla en el molde que teníamos preparado con la base y reservado en el frigorífico.
  8. Introduce en el horno y cocina durante unos 30-40 minutos a 160 grados (dependerá de tu horno). El centro tiene que quedarnos un poco «blandito», pero los laterales deben estar totalmente cuajados.
  9. Deja enfriar a temperatura ambiente y después deja que enfríe unas 4 horas mínimo en el frigorífico.
  10. Vamos ahora a preparar la ganache de chocolate. Para ello vamos a calentar en un cazo la nata hasta que llegue al punto de ebullición.
  11. Añadimos el chocolate troceado y removemos para que se vaya derritiendo en la nata.
  12. A continuación agregamos la mantequilla y el Baileys. Removemos y dejamos que enfríe.
  13. Cuando tengamos la tarta y la ganache frías, con la ayuda de una cuchara o espátula vamos untándola por la superficie de nuestra cheesecake. Volvemos a meter en el frigorífico.
  14. Una media horita antes de consumirla, la sacamos y dejamos que temple a temperatura ambiente. Ahora en verano, creo que este paso podríamos saltarlo… jejeje

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¡Espero que os haya gustado tanto como gustó en la cena (os recuerdo que ni dio tiempo de echarle una fotito al corte) y cómo me gusto a mi!

Nos vemos prontito (ahora sí, de verdad)

Ana.

 

Torrijas de vino al horno

 

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Cuando escuchamos oír «Semana Santa», lo primero que se nos viene a la cabeza son las procesiones, los nazarenos y el sinfín de temas relacionados con la pasión de Cristo. Queramos o no, España es un país donde esta semana se vive intensamente y en la que las tradiciones más arraigadas, vuelven a ponerse año tras año de manifiesto a pie de calle.

Sin embargo, para mi esta semana además, significa el pistoletazo de salida «no oficial» a la primavera y al buen tiempo. Las tardes son visiblemente más largas, las bufandas se van quedando poco a poco colgadas en el perchero, y nos va apeteciendo más un helado que un chocolate caliente. Eso en primer lugar…

En segundo lugar, cuando oigo hablar de la Semana Santa, inevitablemente se aparece ante mi la imagen de las torrijas. No lo puedo evitar. A mi la tradición de España que más me gusta, es la del buen comer… Así que como este año estoy inmersa de lleno en el mundo «bloguero» no podía dejar pasar la oportunidad de compartir la receta de las torrijas que se hacen en mi casa. ¡Además! este año nos estrenamos con una pequeña variación, en vez de freírlas vamos a hacerlas en el horno. De esta manera conseguimos eliminar totalmente el aceite y por lo tanto, nuestras torrijas no se convierten en un «pecado» demasiado grande (un pecado para la «operación bikini» que ya hemos puesto en marcha). Os puedo asegurar que el resultado es sorprendente, si cerrásemos los ojos nunca sabríamos si están fritas o al horno. Y si también os digo que son superfáciles de preparar y nada engorrosas, ¡no tenéis excusa!

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Nuestras torrijas van a ser de vino y bañadas en miel, así que sin más charla, os dejo los ingredientes (las cantidades pueden variar en esta receta dependiendo del tipo de pan que utilicéis, éstas sólo son a modo de orientación)

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  • 1 Paquete de pan especial para torrijas o en su defecto pan duro (una barra aproximadamente. Debe tener al menos un par de días de reposo y tendremos que cortarlo en rebanadas de 2 centímetros más o menos.
  • 1 botella de Rioja blanco
  • Un par de huevos
  • 100 gr. de miel
  • 50 gr. de agua
  1. Antes que nada tendremos que ir precalentando el horno a 180ºC .
  2. Vamos a colocar una bandeja y añadir el vino, en donde iremos colocando el pan primero por una cara y después por otra, para que absorban la cantidad de vino suficiente.
  3. Seguidamente, las pasamos por el huevo batido y las vamos colocando en una rejilla para que escurran.
  4. Una vez que el goteo cese, las colocamos en una bandeja de horno y las cocinamos 10 minutos a 180ºC, Comprobamos que se hayan dorado visiblemente y les damos la vuelta. Cocinamos 5 minutos más.
  5. En un cazo ponemos a calentar la miel con el agua, hasta que se se integren completamente y veamos que la miel ha perdido densidad.
  6. Vertemos la miel en una bandeja y vamos colocando el pan horneado de la misma manera que hicimos con el vino. Intentando que absorban la mayor cantidad de miel posible. Les damos la vuelta y hacemos lo mismo.

¡Ya tenemos nuestras torrijas listas!

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Lo complicado de esta receta va a ser comer sólo una… Os lo garantizo.

¡Espero que os haya gustado!

Nos vemos prontito.

Ana.

 

 

Croquetas de salmón, hierbabuena y nueces.

¡Hola a todos!

No es por enamorar a nadie, pero he hecho croquetas… Y aunque está feo que yo lo diga… ¡Cómo me han salido de buenas! Y también, sí, las acompañé de una cervecita fresquita y me las comí al calorcito de esta primavera adelantada, en el patio de casa de mi madre… ¡Ahí es nada!

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Y es que las croquetas se merecen un lugar privilegiado dentro del universo, y como no, una categoría especial dentro de las recetas, porque ¿a quién no les gustan? Realmente pienso que si hay alguien sobre la faz de la tierra que tenga el valor de decir que no le gustan, es porque no las ha probado bien.

Hasta hace bien poco, las croquetas han sido un tipo de receta de aprovechamiento. Con lo que nos sobraba de otras comidas y ya no sabíamos darle más uso, hacemos croquetas y listo. Pero a día de hoy se han convertido en un tipo de plato en el que la imaginación y el paladar van unidos. Nos salimos de los cánones (sin menospreciar a nuestras amigas «las croquetas del puchero», ¡ojo!) donde gana el que mejor sepa mezclar ingredientes y hacer una combinación de sabores tan majestuosa, que seas incapaz de coger sólo una… Comidas familiares, reuniones con amigos, ¡y hasta cenas románticas! Las croquetas bajo mi punto de vista, pegan con todo.

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¡Pero que no cunda el pánico! Porque hoy he venido, a parte de alardear de mi «creación croquetil», a dejaros la receta en dos versiones, con y sin Thermomix, abriendo así un nuevo apartado en el blog.

Sin enrollarme más, ¡ahí va la receta!

Ingredientes para 60 croquetas.

  • 50 gr. de aceite de oliva
  • 100 gr. de nueces
  • unas hojas de hierbabuena fresca
  • 400 gr. de salmón fresco sin piel ni espinas y cortado en dados pequeñitos (ten en cuenta que así es como quedará dentro de tus croquetas)
  • 1 pastilla de caldo de pescado.
  • 100 gr. de mantequilla
  • 30 gr. de cebolla
  • 170 gr. de harina
  • 800 ml. de leche entera a temperatura ambiente
  • 1 pizca de nuez moscada
  • pimienta negra
  • sal
  • 2 huevos
  • 250 gr. de pan rallado.

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RECETA PARA THERMOMIX

1.- Ponemos las nueces en el vaso y trituramos con unos golpes de turbo. Retiramos y reservamos.

2.- Vertemos el aceite en el vaso y lo calentamos 2 minutos, 100 ºC, velocidad 1.

3.- Añadimos los trocitos de salmón y la pastilla de caldo y cocinamos 4 minutos, 100 ºC, giro inverso, velocidad 1.

4.- Retiramos el salmón y lo escurrimos a conciencia. Por otro lado, reservamos también el líquido de la cocción.

5.- Troceamos la mantequilla junto con la cebolla 6 segundos, velocidad 6. A continuación programamos 3 minutos, 100 ºC, velocidad 1.

6.- Es el momento de añadir el líquido que teníamos reservado, junto con la harina. Sofreímos 3 minutos, 100 ºC, velocidad 2.

7.-Añadimos la leche, la nuez moscada, la pimienta y la sal y mezclamos 15 segundos, velocidad 5.

8.- Incorporamos la mitad del salmón reservado, las nueces troceadas y la hierbabuena muy picadita. Programamos 8 minutos, 100 ºC, velocidad 4.

9.-Dejamos reposar dentro del vaso hasta que se atempere y a continuación, añadimos lo que nos había sobrado del salmón y lo mezclamos bien hasta que se integre dentro de la masa.

10.- Introducimos la masa en una manga pastelera, la cerramos y dejamos que siga atemperando. Una vez haya enfriado, metemos la masa en la nevera y la dejamos al menos unas 8 horas. Si puedes hacerlo de un día para otro, mucho mejor, ya que cuanto más fría esté la masa, más fácil te resultará trabajarla luego.

11.- Una vez pasado el tiempo, les damos forma a las croquetas y las rebozamos, primero por el huevo y después por el pan rallado. Para terminar las freímos en abundante aceite de oliva.

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RECETA SIN THERMOMIX

1.- Picamos las nueces con ayuda de un robot de cocina o introduciéndolas en una bolsa de plástico y machacándolas con un rodillo o mazo.

2.- Calentamos el aceite en una cazuela y sofreímos los taquitos de salmón junto con la pastilla de caldo. Una vez lo tengamos, escurrimos el salmón y lo reservamos por un lado y por otro el jugo de la cocción.

3.- Procedemos a hacer la bechamel, para ello primero picamos la cebolla y la sofreímos junto con la mantequilla.

4.- Añadimos el jugo reservado y junto con la harina y cocinamos un poco eliminando todos los grumos (cuidado de que no se te queme!). Esta parte de la bechamel se llama Roux y es la parte más importante, ya que si nos quedamos cortos de cocción, nos sabrá a crudo y si nos pasamos puede que se nos asiente. Tardarás aproximadamente un par de minutos.

5.- Vertemos la leche con cuidado, junto con la nuez moscada, una pizca de sal y una de pimienta. Removemos con paciencia hasta que quede una masa espesa y sin grumos.

6.- Agregamos las nueces picadas y la hierbabuena picadita. Volvemos a remover para integrar y cocinamos un par de minutos más a fuego lento.

7.- Es el momento de incorporar el salmón que teníamos reservado y volvemos a remover.

8.- Apagamos el fuego y dejamos que atempere un poco. Seguidamente metemos la masa en una manga pastelera y cuando termine de enfriar, la metemos en la nevera al menos unas 8 horas.

9.- Les damos forma y las rebozamos, primero por huevo y después por pan rallado.

10.- Las freímos en abundante aceite de oliva.

El truco de la manga pastelera es que, a la hora de darles forma, sólo tendrás que cortar la punta (1.5cm aprox. de ancho) e ir sacando tiras de masa, que cortaremos según el largo que queramos darle a nuestras croquetas. No es necesario boquilla, pero si tienes una especial para croquetas, ¡mejor que mejor!

¡Ah! ¡Se me olvidaba el último paso y el más importante!

11.- Busca buena compañía, un lugar donde disfrutarlas y ábrete una cervecita…. O en su defecto, un buen vino 😉

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¡Nos vemos prontito!

Ana.

Tarta Mousse de Frutos Rojos y Chocolate al Ginebra

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¡Hola a todos!

¿Qué tal lleváis la semana? Por mi tierra estamos en pleno carnaval y aunque sí, hoy es «miércoles de ceniza» y deberían haber acabado ayer, a nosotros aún nos quedan días de papelillos, serpentinas y coplas por las calles. Pero hoy no vengo a hablaros del «Carnaval de mi Cádiz», sino de una tarta que hice hace unos días y que tenía que compartir con todos vosotros.

No todos los fines de semana vuelven a casa amigas que viven fuera, ¡ojalá! Y si a eso le sumamos cena familiar con cumpleaños, el de la madre de mi amiga, y la preparación de una boda…¡La ocasión merece un postre más que especial! Así que saqué mi libreta de tartas infalibles, y la encontré: Tarta mousse de frutos rojos, chocolate y un toque de ginebra de fresa. Jaque mate.

 

La combinación de elementos y sabores hacen que esta tarta no pase desapercibida para nadie. No es una receta del todo sencilla, pero amigos, la vida está llena de retos… ¡Y qué mejor que retarla con esta tarta!

Sin enrollarme más, comenzamos con la receta que va a dividirse en cuatro pasos: la base, la confitura de frutos rojos, la mousse y el ganache de chocolate. ¡Empezamos!

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Ingredientes:

Para la base de galletas:

  • 250gr. de galletas (tipo Digestive)
  • 75gr. de mantequilla a temperatura ambiente.

Para la confitura de frutos rojos:

  • 600 gr de frutos rojos (en este caso yo he utilizado 300gr de cerezas deshuesadas y 300gr de fresas, podéis usar los que queráis corrigiendo el nivel de acidez con los gr. de azúcar)
  • Zumo de un limón
  • 200 g de azúcar
  • 5 hojas de gelatina

Para la mousse:

  • 4 Claras de huevos

Para el ganache de chocholate:

  • 175 gr. de Chocolate negro
  • 175 gr. de nata para montar (mínimo 35% grasa)
  • 30 ml. de Ginebra de Fresa (yo he usado Puerto de Indias)

1.- Empezamos preparando la base de galletas. Para ello vamos a triturar las galletas y mezclarlas con la mantequilla hasta conseguir una masa compacta. Con ella vamos a forrar toda la base de un molde desmontable de 23-24 centímetros , creando una capa lisa donde asentaremos el resto de la tarta. Puedes ayudarte de una cuchara. Cuanto más te esmeres en este paso, más bonito quedará el corte de tu tarta. Una vez lo tengamos, lo metemos en el frigo mientras que seguimos con el resto de la receta.

2.- Preparamos el ganache de chocolate llevando a hervir la nata y una vez la tengamos caliente, añadimos el chocolate troceado. Removemos con garbo para que el chocolate se derrita en la nata. Una vez conseguido, añadimos el licor y volvemos a mover.  A continuación, vertemos el ganache sobre la base de galletas que teníamos reservada en el frigo. Con cuidado, puedes ayudarte de un cazo. Volvemos a introducir en el frigo.

3.- Para preparar la confitura de frutos rojos pondremos en un cazo a fuego medio-alto (conviene remover de vez en cuando y echarle un ojito) todos los ingredientes de este paso, menos la gelatina que mientras tanto, la hidrataremos en un bol con agua fría. Este paso te llevará unos 20-25 minutos, hasta que notemos que nos queda una confitura espesa.

4.- Dejamos templar la confitura y trituramos ayudándonos de una batidora o brazo eléctrico hasta que quede un puré sin grumos. Si tu batidora no consigue eliminar todos los trozos, te aconsejo que cueles la mezcla y te quedes con la parte más líquida.

5.- Añadimos la gelatina que tenemos hidratada a la confitura aún templada para que se deshaga bien. Integramos bien y reservamos.

6.- Montamos las claras a punto de nieve, hasta que podamos ponerla boca abajo sin que se muevan.

7.- Ahora dedícale todo tu cariño a la tarta y ve añadiendo la confitura a las claras montadas y con una espátula o lengua de silicona, ve creando movimientos suaves y envolventes, removiendo hasta que todo quede homogéneo. Con mucho cuidado, tómate tu tiempo. De esto dependerá la consistencia y esponjosidad de nuestra mousse.

8.- Cuando tengas la mousse preparada, viértela con cuidado en el molde, sobre el ganache de chocolate. Vuelve a introducir en el frigo al menos 3 horas (yo este tipo de tartas suelo hacerlas la noche anterior, y así reposan toda la noche en el frío).

En este caso, para la decoración, he optado por espolvorear chocolate negro en polvo, pero puedes utilizar fruta, chips de chocolate o incluso, adornar con flores comestibles, ¡corre a cargo de tu imaginación!

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Espero que os haya gustado tanto como me gusta a mi, y es que esta tarta ya le he repetido en más de una ocasión y siempre, siempre, siempre… ¡Es una maravilla!

¡Nos vemos prontito!

Ana.

 

 

 

Patatas fritas sin freír

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¡Hola a todos!

Que levante la mano el que no se pueda resistir a tener una bolsa de patatas fritas cerca y no abrirla… ¡Yo la primera! Además, ahora que llevamos casi la mitad de la semana volteada, el cuerpo nos va pidiendo un caprichito…

Pero sí, yo también estoy en plena operación «post-polvorón» y «pre-bikini» a lo que debemos añadirle que no es el tipo de aperitivo sano en ninguna de las circunstancias. ¡Pero es que esa textura, ese olor, ese sabor…! ¡Se hacen irresistibles! Las patatas fritas se convierten en el acompañamiento perfecto a una conversación entre amigos, un partido de fútbol, o simplemente, para matar el gusanillo…

Y queridos amantes de las patatas fritas, hoy os traigo un pequeño-gran remedio para no tener que esconderlas en el fondo de la despensa y no caer en las garras de la tentación. Hace poco llegó a mis manos la receta de unas «patatas fritas sin freír «, fáciles y por supuesto al no llevar nada, repito, nada de aceite, se convierten en algo mucho más saludable que podemos incluir en cualquier tipo de dieta y momento del día.

Así que sin enrollarme más, creo que debo compartir este magnifico descubrimiento, que ya he probado varias veces y que no tiene nada que envidiarle en cuanto a textura y sabor, a las patatas fritas tradicionales. ¡Allá vamos!

Vamos a necesitar un microondas y un estuche al vapor con bandeja. Yo he usado uno de Lékué como éste:

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Ingredientes:

  • Una patata (o las que queramos)
  • Sal fina.

1.-Lo primero que tenemos que hacer es pelar las patatas y cortarlas en rodajas muy muy finas, como de un milímetro de grosor. Cuanto más finas las cortes, más crujientes quedarán. Puedes ayudarte de una mandolina.

2.- Pon en remojo las patatas ya cortadas una media hora, cambiando el agua de vez en cuando para eliminar el almidón.

3.- Seca las rodajitas a conciencia con un papel absorbente, quitando todo el exceso de humedad posible. Añade la sal y ponlas en la bandeja del estuche de este modo, sin que se pisen unas con otras:

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4.- Programa el microondas 7 minutos a 800w. Repite este proceso con todas las patatas.

5.- Al sacarlas ve extendiéndolas en un plato para que se enfríen… ¡Y listo!

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Cuando salgan del microondas tendrás que tocarlas un par de veces para creer la textura crujiente que han cogido, ¡como las de bolsa! Pero claro, sin nada de aceite y mucho más saludables.

Puedes añadir las especias que quieras justo en el mismo momento en el que le ponemos la sal, y así darles un toque diferente.

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¡Espero que os haya gustado!

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Bizcocho de chocolate y yogurt

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¡Buenos días de lunes!

No acostumbro a subir entradas al blog un lunes… ¡Y menos por la mañana! Pero he pensado que a los lunes siempre le hacen falta un puntito dulce para poder seguir adelante con todo lo que nos queda de semana… Y si encima habéis tenido un fin de semana movidito como el mío, os va a tocar recuperar energías. Así que me he dicho «¡Vamos a compartir la receta de ese bizcocho que tanto éxito tuvo!»

Y sí, el bizcocho lo hice algunas semanas, pero también os digo que he tenido que repetirlo un par de veces del éxito que tuvo. Un dulce que está a mitad de camino de ser un «Bundtcake» y un bizcocho tradicional, con un suave toque de yogourt y el sabor intenso del chocolate. Podría llevarme líneas y líneas describiéndolo, pero creo que no me debo enrollar más, poner la receta y que vosotros mismos saquéis las conclusiones 😉

¡Vamos allá!

Ingredientes:

  • 200 gr de harina
  • 15 gr de levadura
  • 100 gr de chocolate puro en polvo (o chocolate fondant triturado hasta que se quede hecho polvo)
  • 150 gr de azúcar
  • 4 huevos
  • 1 yogurt natural (para este tipo de bizcochos siempre los uso «cremosos»)
  • 70 gr de aceite de oliva suave

 

Preparación:
1.- En un bol grande, tamizamos la harina y la levadura. Es importante que pongamos conciencia en este paso, ya que cuanto mejor tamizado esté contribuirá a que nuestro bizcocho sea más esponjoso.

2.- Mezcla los huevos uno a uno y el azúcar hasta que todo quede bien integrado. Puedes usar unas varillas eléctricas, o si lo haces a mano haz este paso con destreza y fuerza.   Mientras ve poniendo el horno a precalentar a 160º.

3.-Añade a la mezcla anterior el chocolate, el yogurt y el aceite. Integra bien.

4.- Agrega la harina con la levadura (previamente mezclada) y mezcla ahora suavemente, con cuidado de que no queden grumos, aunque si hemos tamizado bien en el primer paso no correremos ese peligro. En este punto, al contrario que con los huevos y el azúcar, es importante que lo hagamos con delicadeza, ya que si lo hacemos con fuerza puede que nuestro bizcocho adquiera una textura más «grasienta» de la que debería tener.

5.- Vuelca la mezcla en un molde previamente engrasado ( yo uso spray anti-adherente de la marca Ibili) para que no se pegue o en un molde alto con agujero en el centro tipo «Bundtcake» (os dejo  aquí algunos que tenemos en la tienda para que los tengáis como referencia).

6.-Hornea 20 -25 minutos a 180º. Ve pinchando con un palito hasta que salga limpio, ¡y ya tenemos nuestro bizcocho!

7.- Espera unos 5 minutos y desmolda. No dejes a que se enfríe del todo, lo ideal es que se temple una vez esté fuera del molde.

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¡Espero haberos endulzado la mañana de este lunes de febrero y que os haya gustado!

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Bombones de chocolate negro y Kumquat

¡Vaya cuánto tiempo sin pasar por aquí! Ante todo… ¡Feliz año a todos! Espero que estéis bien y que hayáis sobrevivido a todas las fiestas, los atracones a polvorón limpio y que los peces al fin, hayan dejado de beber, beber y beber…

Por aquí he estado bastante liada y de ahí el abandono de las redes sociales. ¡Pero es que cuando a una le toca a hacer de ayudante de los Reyes Magos en mi tienda, poco tiempo queda libre! Y el que queda se reserva para la familia y amigos. Pero como compensación os traigo un post que para la fecha viene que ni pintado. ¡Marchando una de vitamina C y chocolate!

Enero es conocido por su interminable cuesta, el mes de los propósitos. Ese en el que todos nos volvemos más deportistas, más sanos, más estudiosos, en el que intentamos ser mejores personas de lo que fuimos el año pasado. Pero ¡ay febrero! Febrero está ahí a la vuelta de la esquina para recordarnos que debemos seguir siéndolo el resto del año. Pero no quería referirme a eso en este post, los propósitos que cada uno los lleve por su cuenta que yo llevo la mía. Hablaba de enero, porque a pesar del frío (frío que odio… yo viviría en un eterno verano), es uno de mis meses preferidos, ¿y por qué? Pues porque es el mes de las naranjas y las naranjas son mi fruta preferida.

Del azahar que impregnaba el ambiente allá por los lejanos meses de abril y mayo, recogemos ahora sus frutos. Y aunque pocas variedades de naranjas conocemos, son muchísimas las que existen y más de las que creemos, las que tenemos al alcance de nuestra mano.

Así que aprovechando el tirón, y dando por hecho de que los zumos de naranjas sí que os lo estáis tomando (¡vitamina C para el cuerpo!), voy a hablaros de los tipos de naranjos que me rodean y también, os dejo una recetita muy sencilla de «bombones de chocolate negro con Kumkuat». ¡Espero que os guste!

Del primer naranjo que quiero hablaros es el «niño de mis ojos», un naranjo de zumo en toda regla. Lleva en mi familia unos 20 años y el zumo de sus naranjas debería ser «Patrimonio de la Humanidad».

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Sus naranjas son clasificadas dentro del grupo de las «blancas». Antiguamente se utilizó este nombre para diferenciarlas de las variedades Navel o de las de sangre, naranjas mucho más ácidas.

Sus principales características son la carencia o menor marca del ombligo en sus frutos, una acidez, como acabamos de decir, inferior a la de otros grupos de variedades, así como la ausencia de sabor amargo en su zumo. Mi naranjo en particular, tal y como podéis ver en la foto, si que tiene el ombligo un pelín más marcado, pero no por ello deja de ser menos dulce. Florece en el mes de abril-mayo y a día de hoy, ya estoy desayunando zumo de mis naranjas (¡y hay cantidad hasta para finales de febrero, por lo menos!). Su altura no sobrepasa los dos metros, pero he de decir que es bajito para los de su especie que pueden llegar a medir algunos centímetros más.

El siguiente naranjo del que os quería hablar es un Mandarino. Las mandarinas son «híbridos de las naranjas» y se engloban en el mismo grupo que las anteriores, las blancas. También lo tenemos en casa, y aunque su recolección no es tan abundante como la del anterior, si que nos da para varios días.

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Como podéis apreciar en la foto, los frutos son de un tamaño algo inferior a las naranjas de zumo y su forma es mas «achatada». Y aunque los de mi casa vienen a tener la misma altura, los mandarinos son mas pequeños en cuanto a copa y altura. Sus hojas son prácticamente iguales a las del naranjo, pero algo mas pequeñas. Sus frutos son tremendamente dulces y su cáscara se retira con gran facilidad.

Los dos siguientes son naranjos enanos y proceden de la lejana China. Un naranjo Calamondin y un Kumquat.

El que aparece en la foto es un naranjo Calamondín, aunque sus frutos también son conocidos como «Naranjitas de San José» o «Naranjitas del Obispo».
Se trata de un pequeño arbolito de copa densa, con tendencia a la verticalidad. Sus hojas son pequeñas, elípticas de 5-10 cm de longitud mientras que sus frutos son muy pequeños (3-3,5 cm de diámetro), con pocas semillas, esféricos u ovales. Lo más característico quizás de estos naranjos enanos, es su corteza de color naranja-rojizo, muy fina y fácilmente separable de la pulpa, que es dulce, ácida y comestible. De hecho es la parte del fruto más utilizada. Aunque nosotros lo tenemos en el exterior (también es apto) a menudo es cultivada en contenedores como planta de interior.

Por último, voy a hablaros de un Kumquat. Otro del tipo de naranjo chino enano. Sus características son prácticamente iguales a las del Calamondin en cuanto a altura, dimensiones y hoja, siendo la diferencia más visible sus frutos. Su forma es algo más ovoide y su color algo más intenso (puede apreciarse claramente en la foto). Suelen tener menos gajos que el fruto del naranjo anterior, pero igualmente, su corteza es lo más dulce y utilizado. De hecho es la principal ingrediente de la receta de nuestros bombones. Así que sin enrollarme más… ¡Vamos a ello!

Ingredientes:

  • La corteza en tiras de 2 naranjitas Kumquat
  • Dos cucharadas de ron
  • 75gr. de chocolate negro para fundir (podéis usar cualquiera, pero cuanto más negro sea, mas intensificará su sabor con la naranja.
  • 10gr. de mantequilla
  • 1 Cucharadita de agua.

1.- Primero vamos a preparar las cortezas de las naranjas. Para ello las vamos a poner en un estuche de cocción al vapor para microondas (yo uso el de Lékué, y podéis verlo aquí), las dos cucharadas de ron junto con la corteza de las naranjitas. Programamos 1 min 30 segundos a máxima potencia. Retiramos y dejamos reposar y enfriar.

2.- Por otro lado vamos a cortar el chocolate a trozos y lo vamos meter en el microondoas en un estuche similar al anterior, junto con el agua. También 1 min 30 segundos, pero esta vez en el modo «descongelación» (el chocolate siempre debe fundirse en esta función). Si transcurrido el tiempo veis que aún no se ha derretido bien, volvemos a programas 30 segundos.

3.- Una vez lo tengamos,  añadimos la mantequilla y removemos bien hasta que se integre. Seguidamente le añadimos las cascaras de naranja escurridas y volvemos a integrar.

4.- En un papel vegetal o bandeja, hacemos pequeños montoncitos de chocolate (no tienen porqué quedar todos iguales ya que con la cáscara de naranja es complicado), y los metemos en el frigorífico al menos 2 horas para que cuajen.

¡Ya tenemos nuestros bombones!

Espero que os haya gustado el post de hoy y que me contéis qué tal os han salido los bombones 🙂

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¡Nos vemos prontito!

Ana.