Pan Fácil

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Dicen que la felicidad está en las pequeñas cosas. En cosas cuyo valor es irrelevante, en momentos, en lugares y en compañías. Dicen que la felicidad está en todo aquello que no sabemos apreciar hasta que nos falta.

Vivimos bajo una corriente incesante de «happypower» en la que se nos obliga en cierto modo, a ser feliz cada uno de los días de la semana, mes y año. Que aunque el sol no brille, tenemos que salir a la calle con una sonrisa dibujada.  Que nuestra actitud y forma de ver las cosas, cambia la perspectiva de todo. Y no es que esté en desacuerdo, ya lo decía Buda «el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional», cosa que ratifico totalmente. Pero más allá de forzar las cosas haciendo de tripas corazón, y de intentar plasmar nuestra euforia momentánea en una foto de instagram, ¿sabemos ser felices? ¿Realmente sabemos disfrutar de las pequeñas cosas?

Vale, esto es un blog de cocina y otra vez se me está yendo la pelota. Esto es un post acerca de una receta para hacer pan cuando «masa madre» te suena a la masa de las empanadillas de atún de tu madre, ¡no es un blog de psicología moderna! Y no, no estoy en contra de los unicornios, ni de Paulo Coelho. Pero cuando hice los panes que veis en la foto, me di cuenta de que la felicidad a veces, tiene forma de pan. Tan sencillo como eso.

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Tan grande como fue regalar uno,  fue saborear cada rebanada del que me quedé yo. Medir los ingredientes como quien cuenta pepitas de oro, amasarlo como quien juega con la ilusión, hornearlo e impregnar cada rincón de la casa con olor a pan (que se lo digan a mi perrita que no se despega del horno cuando hago pan) y regalarlo como quien regala lo mas valioso que tiene, porque ¡ha salido de mis manos! Y disfrutarlo como si fuese la primera vez que probaba algo así. No sé que concepto de la felicidad tendréis vosotros, pero para mi una de sus mil caras, es tal que así.

Así que a parte de ser una receta superfácil de hacer, en la que no necesitáis ni hacer previamente masa madre (vale, igual no tendría el aprobado del gran Iban Yarza, pero por lo menos es infinitamente mejor que las ofertas de tres barras de pan por un euro..), el tiempo de levado es de una media hora y no necesitamos moldes ni banetones. No hay excusa. Sólo hay que tener ganas de meter las manos en la masa.

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¡Apunta que ahí va la receta!

Ingredientes:

  • 250 ml de agua
  • 20 gr. de aceite de oliva
  • Un sobre de levadura de panadería
  • 500 gr. de harina, que puede ser mezcla. Yo uso unos 100 gr. de harina de fuerza y el resto entre integral y de espelta, voy variando)
  • Una cucharada de azúcar moreno
  • 2 Cucharaditas de sal

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1.- Este primer paso es opcional, pero le da un plus a la receta. Horas antes o incluso la noche anterior, hacemos una melaza donde hervimos unos 75-100 ml de agua (lo hago a ojo), y le vamos añadiendo harina, la que nos vaya pidiendo, poco a poco hasta conseguir un ungüento pegajoso. Que no sea demasiado denso ni demasiado líquido. Lo dejamos reposar y enfriar por completo.

2.- Vamos a templar los 250 ml de agua y a continuación vamos a agregarle la levadura de panadería, el azúcar, la sal y el aceite de oliva.

3.- Si hemos hecho la melaza, se la añadimos, restando el peso que tuviese a los gramos que debemos echarle de harina. Si nuestra melaza pesa unos 150 gr, el total de harina que debemos incorporar sería de 350 gr. Si no la hemos hecho, Añadimos los 500 gr. de la receta original.

4.- Añadimos la harina o la mezcla que más nos guste y amasamos. Amasamos integrando bien durante unos 5-6 minutos, hasta que tengamos una bola manejable y homogénea.

5.- Ponemos nuestra masa sobre un papel vegetal o una base apta para horno. Le damos un poco de forma y le hacemos unos cortes tal y como vemos en las fotos.

6.- La dejamos reposar una media horita, hasta que veamos que va incrementando su volumen.

7.- Espolvoreamos un poco de harina por encima y horneamos  unos 40 minutos a 180ºC con calor por arriba y por abajo.

8.- Dejamos enfriar en una rejilla para que no sude.

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Este pan nos durará (nunca me ha durado tanto, siempre me lo como antes) entre una semana y 10 días, dependiendo de su conservación. Personalmente lo envuelvo en un paño o bolsa de algodón, para que transpire y no sude. Cuando han pasado unos días, si lo noto que ha perdido frescura, procuro darle una pasadita por la tostadora antes de comerlo.

Si es cierto que la felicidad está en las pequeñas cosas, yo soy inmensamente feliz cada vez que de mi horno sale una hogaza de pan calentita.

Prueba tu también la receta y cuéntame si hablamos el mismo idioma.

Nos vemos prontito.

Ana.

 

Natillas de Calabaza y crocanti de frutos secos.

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Hace poco, mientras hablaba con un amigo, salió esa típica expresión de «a nadie le amarga un dulce». Mientras que él la pronunciaba, yo iba asintiendo para mi misma y pensando en algo que nada tenía que ver con nuestra conversación. Mi mente voló y voló hasta aterrizar en unas natillas. Exactamente, «a nadie le amarga un dulce, ¡y mucho menos si es un postre!», pensé esbozando media sonrisa. Sí, así soy yo. No pronuncies delante de mi ni la palabra «dulce», ni «croqueta», ni «vino». Tal y como si mi mente trabajase para google adwords, mi base de datos interna empieza a identificar las palabras clave, las asocia a recetas, a ingredientes, a sitios donde poder ir a disfrutarlas y sobre todo, despierta ese tipo de hambre que todos tenemos oculto, que sólo se activa cuando alguien pronuncia las palabras mágicas. «Dulce…» Sí, sí… Mi amigo siguió charlando, pero yo ya me había perdido, ya sólo podía pensar en las natillas que iba a preparar en cuanto llegase a casa.

Dicho y hecho. En poco menos de media hora tenía listas mis natillas. ¡Misión cumplida! Pero para salirme un poquito del «tiesto» y aprovechar que, aunque no lo parezca, estamos en los albores del otoño y aún no nos han saturado con Halloween, decidí darles un toque diferente. Añadirles un extra de calabaza y un toque crujiente y dulce, con un crocanti de frutos secos. La mezcla de «natillas + calabaza», puede resultar extraña, pero yo que me declaro fan incondicional de esta verdura y aprovechando que ya estamos en temporada, decidí tirarme a la piscina y el resultado no pudo haber sido mejor. Así que sin más explicaciones os cuento cómo las hice y adaptando la receta con y sin Thermomix. ¡Vamos allá!

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Ingredientes:

  • 500 gr. de calabaza asada (podéis hacerla en el horno o incluso en el microondas)
  • 4 Huevos
  • 700 ml de leche
  • 110 gr. de azúcar
  • 15 gr. de maizena

Ingredientes para el crocanti de frutos secos:

  • 150 gr.Frutos secos variados y picaditos
  • 3 cucharas soperas de azúcar
  • Unas gotitas de esencia de vainilla.

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Receta Tradicional

1.- Lo primero que tenemos que hacer en ambas opciones, es asar / cocer la calabaza. Yo la corté en daditos de aproximadamente 2 cm y la hice en el microondas. Sé que en el horno hubiese tenido otro toque, pero con el calor que todavía nos acompaña, encender el horno es toda una aventura. Introduje los daditos en un estuche de Lékué y la cociné durante unos 6 minutos aproximadamente. Una vez que la tenemos cocinada y ya templada, hay que triturarla para poder integrarla en las natillas.

2.- En un cazo a fuego medio vertemos la leche, el azúcar, los huevos, la maicena y la calabaza triturada.

3.- Removemos hasta que nuestras natillas empiecen a espesar.

4.- Vertemos en cuencos y esperamos a que se enfríen a temperatura ambiente. Una vez las tengamos frías, guardamos en el frigorífico durante al menos un par de horas antes de servirlas.

5.- Mientras nuestras natillas enfrían, vamos preparando el crocanti. Picamos los frutos secos y los ponemos en una sartén a fuego medio.

6.- Agregamos el azúcar y la esencia de vainilla.

7.- Sin perderle ojo, vamos tostando y removiendo la mezcla hasta que el azúcar se convierta en caramelo.

8.- Dejamos enfriar nuestro crocanti  extendiéndolo sobre un papel vegetal.

9.- Justo antes de comerlas, espolvoreamos el crocanti  sobre nuestras natillas y… ¡A disfrutar!

 

Receta con Thermomix

 

1.- Lo primero que tenemos que hacer en ambas opciones, es asar / cocer la calabaza. Yo la corté en daditos de aproximadamente 2 cm y la hice en el microondas. Sé que en el horno hubiese tenido otro toque, pero con el calor que todavía nos acompaña, encender el horno es toda una aventura. Introduje los daditos en un estuche de Lékué y la cociné durante unos 6 minutos aproximadamente. Una vez que la tenemos cocinada y ya templada, hay que triturarla para poder integrarla en las natillas. Programamos 10 segundos, velocidad 4 -4.5. Miramos y si es necesario, volvemos a repetir.

2.- Vertemos en el vaso donde ya tenemos la calabaza, la leche, el azúcar, los huevos y la maicena. Programamos 8 minutos, 90ºC, velocidad 4. Una vez terminado el tiempo, nuestras natillas deben haber espesado.

3.- Vertemos en cuencos y esperamos a que se enfríen a temperatura ambiente. Una vez las tengamos frías, guardamos en el frigorífico durante al menos un par de horas antes de servirlas.

4.- Mientras nuestras natillas enfrían, vamos preparando el crocanti. Picamos los frutos secos y los ponemos en una sartén a fuego medio.

5.- Agregamos el azúcar y la esencia de vainilla.

6.- Sin perderle ojo, vamos tostando y removiendo la mezcla hasta que el azúcar se convierta en caramelo.

7.- Dejamos enfriar nuestro crocanti  extendiéndolo sobre un papel vegetal.

8.- Justo antes de comerlas, espolvoreamos el crocanti  sobre nuestras natillas y… ¡A disfrutar!

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¡Espero que os haya gustado la receta!

Nos vemos prontito (esta vez, de verdad)

Ana.

 

Bund Cake de naranja y chocolate

IMG_6571Vale… Es época de torrijas, arroz con leche y demás pastelitos de cuaresma… Y la receta que os traigo hoy nada tiene que ver. Y cuando digo nada, es nada. Al contrario debería ser pecado pasarse con la ganache de chocolate como me he pasado yo en este caso. ¡Pero es que no he podido resistirme! Era solo un bañito ligero, y te terminado enfoscando el Bundt Cake… Jejeje…

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Pecado o no, el caso es que el viernes pasado llegué a casa sorprendentemente pronto y sin nada que hacer. Así que vi como desde la estantería me miraba el molde de Nordic Ware y me hacía ojitos. Vale, algo sencillito, algo que pueda hacer con los ingredientes que tengo en casa y así también, ya tenemos la merienda para el fin de semana. Un Bundt Cake de naranja y chocolate con la masa marmolada no estaría mal…Y aunque a mi la combinación de naranja y chocolate no me vuelva loca (yo soy mucho más, ¡infinitamente más! De la combinación menta-chocolate), en los dulces no queda nada mal, ni son sabores «extrámboticos» que no gustan a todo el mundo.

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Lo tengo todo, el molde, los ingredientes, el tiempo y el ánimo por las nubes para que salga redondo, ¡vamos allá!

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Ingredientes para la masa:

  • 225 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 300 gr de azúcar
  • 330 gr de harina
  • 23o gr de leche (en mi caso de almendras, es la que uso en casa)
  • 4 huevos
  • 3 cucharaditas de levadura en polvo
  • 1 pizca de sal
  • La ralladura de 1 naranja medianita
  • Dos cucharadas soperas de Cacao en polvo Valor 0% Azúcares

Ingredientes para la ganache de chocolate:

  • 125 ml de nata para montar
  • 125 gr de chocolate negro troceado
  • 1 chorrito de licor, en mi caso usé ron, pero podéis usar el que más os guste. Con Cointreau debe quedar genial

¡Empezamos con la masa!

1.- Precalentamos el horno a 180ºC y engrasamos el molde. Yo he probado esta vez el nuevo desmoldante líquido de Wilton que me llegó a la tienda, ¡y genial! Echas un pelín en el centro y con una brochita de silicona vas pintando todo el molde. Para los moldes de Nordic Ware que tienen tantos recovecos viene genial, ¡100% recomendable!

2.- En un bol ponemos el ázucar con la mantequilla en punto pomada y batimos con ganas o si es con unas varillas eléctricas o robot, a velocidad media. hasta que quede una masa blanquecina.

2.- Echamos los huevos uno a uno sin dejar de batir, integrándolos bien.

3.- A continuación echamos la ralladura de naranja, una pizca de sal y la leche. Seguimos batiendo bien a velocidad media-baja.

4.- Tamizamos la harina con la levadura y vamos añadiéndola a poquitos para que no se formen grumos en la masa.

5.- Cuando tengamos la masa lista, separamos la mitad en un molde, y con la que vamos a seguir trabajando le añadimos las dos cucharadas soperas de cacao en polvo. Volvemos a mezclar bien hasta que la masa se pone oscura. Para mi con dos cucharadas ha ido bien, pero eso va al gusto.

6.- Para que quede el efecto marmolado, cogemos el molde y vamos echando un poquito de cantidad de cada masa, sin mezclarlas para que se diferencien bien los dos colores.

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7.- Introducimos el molde en el horno con calor arriba y abajo a 180ºC unos 50-60 minutos. Hasta que al pinchar la masa con un palito salga limpio.

8.- Cuando lo saquemos del horno lo dejamos templar en una rejilla y cuando haya bajado de temperatura considerablemente, lo desmoldamos y lo dejamos que enfríe completamente.

¡Vamos a por la ganache!

1.-Mientras que se termina de enfriar nuestro BundtCake, ponemos en un cazo a hervir la nata.

2.- Cuando llegue al punto de ebullición retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Removemos hasta que se funda completamente el chocolate.

3.- Añadimos el licor, removemos y dejamos que temple.

4.- Cuando el Bundt Cake esté frío lo bañamos con la ganache y dejamos que termine de enfriar y cauajar… Si eres capaz… 🙂

Si no quieres añadir la parte de chocolate de la masa, puedes hacerlo completamente de naranja y en vez  de la ganache hacer un glaseado de naranja, ¡te quedará genial igualmente!

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¡Espero que os haya gustado!

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Ramen

Dicen que viajar cura el alma… Que cuando viajamos, incluso, somos otra persona. Alguien paralelo a nosotros mismos que aprende a mirar la vida con unos ojos diferentes a los de la rutina. Los colores, los olores, los sabores se acentúan, las calles por donde vamos pisando cobran vida y nuestros sentidos funcionan al 200% intentando que cada percepción que nos llega, se quede para siempre con nosotros. La monotonía, cuando viajamos, se convierte en una palabra «ácida» e incluso sería capaz de decir, que por unos días la borramos de nuestro vocabulario.

He viajado sola, acompañada, vacaciones, viajes tristes, viajes de reencuentro, viajes cortos, viajes largos…Viajes para empezar una nueva vida, viajes de la ansiada vuelta a casa… Viajes por amor (¡ay los viajes por amor!). Y viajes como éste. Viajes que planeas a las 2 de la madrugada y de un día para otro, ya tienes los billetes. El destino elegido, Londres. La maleta llena de ilusión, la mente despejada, el cuerpo preparado para pasar frío (¡era diciembre y navidad!), y dos amigas en la otra orilla del aeropuerto esperándome con los brazos abiertos.IMG_4874

Londres, capital de Inglaterra. Cuidad artística, moderna pero conservadora a partes iguales. Antigua, milenaria, pero que se reinventa cada día. Fácil y complicada (sólo tenemos que darnos un paseo en metro para darnos cuenta de que es una de las mayores obras de ingeniería de la humanidad, pero a la vez un completo y magnífico caos). Cuna del Punk, del Pop, refugio y sello indispensable en el pasaporte de músicos, escritores y bohemios. Con una de las monarquías más consolidadas del mundo, y a la vez de las que más da que hablar en cuanto a vidas personales. Un paseo por el Támesis, Carnaby Street,  por Notting Hill, ¡por Candem! Sus calles se llenan de encanto cuando ves pasar los típicos autobuses rojos de dos plantas y sus maravillosos taxis. Sherlock, Enrique VII, Churchill, Lady Di, Jonh Lennon, Hugh Grant, Beckham, ¡Harry Potter! Podría pasarme el día nombrando personalidades tan dispares y únicas que si me paro a pensar, lo único que han tenido en común ha sido el cielo londinese. El marco ideal para una ciudad tan fantástica. IMG_5217

Pero… ¿Qué pasa con la gastronomía? Pues a mi parecer, los ingleses aquí hacen aguas… Sí ya, Fish and Chips… ¿Algo más? Pues que me disculpen los londinenses e Inglaterra entera, pero no conozco nada más típico de la gastronomía inglesa. Suerte que vivimos en el siglo XXI, suerte que las ganas nos pueden con todo y suerte que Londres es tan cosmopolita que puedes probar cocina de todo el mundo, en cualquier parte y a casi cualquier hora (la mayoría de los sitios tienen horario de cocina internacional). Como ya he dicho antes, es mi tercer viaje a Londres, así que el Fish and Chips lo tengo más que probado, así que como os he dicho antes, al viajar los sentidos se agudizan, creo que es uno de los mejores momentos para poner a prueba nuestro paladar con nuevos sabores y sensaciones. ¡Deleitémonos con platos menos frecuentes, comamos a horas inesperadas y dejémonos llevar por las entrañas de la City y que sea ella la que nos lleve a comer donde quiera! Porque si Londres es esa ciudad tan maravillosa, también debe serlo a la hora de llenarnos la barriguita.

Y así fue. Cortito pero intenso, he probado cosas que aquí en Cádiz, tengo menos posibilidades de probar. He llenado mi paladar con nuevos sabores, y a mi vuelta no he dudado en llenar mi despensa de ingredientes que nunca antes había comprado.

He de decir que fueron muchos y muy buenos los sitios en los que fuimos haciendo paradas para repostar combustible (es lo que tiene tener una maravillosa amiga que lleva viviendo en allí algo más de ocho años, ¡se las sabe todas!), desde un magnífico brunch al más puro estilo «british» en Megan’s, hasta deleitarnos con sabores de todo el mundo en el mercado de Borough Market.

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Pero lo que más me gustó, o sorprendió, porque siempre había estado reacia a probarlo, fue cenar en un restaurante asiático con fuerte acento japonés donde pedimos ramen. El lugar se llama Shoryu, y aunque hay varios en Londres, nosotras cenamos en el que está cerca del Soho.

De entrantes pedimos unos «bao buns», «bocadillo taiwanés» o «mollete chino», cuya masa esta cocida al vapor en una vaporera de bambú, y rellenos en principio, de panceta de cerdo. Hoy en día las posibilidades son infinitas, tantas como cuantas nuestra imaginación nos permita. Nosotras nos decantamos por buns de pollo a la barbacoa, y de pollo marinado.

 

Pero realmente nuestro plato principal, el ramen, como he dicho antes fue lo que más me sorprendió. El ramen, haciendo una descripción ligera y para que todos me entiendan, es una sopa a base de fideos, con verduritas, carne o pescado y con un aderezo bastante potente, que es lo que le da el puntito diferente. Algo que entra genial en los días de frío, como aquel de diciembre.

IMG_5033Por probar, pedimos dos diferentes, uno de pollo al curry y otro de pescado. A día de hoy no sé con cual de los dos me quedaría. ¡Riquísmos! Tanto que hoy me he decidido a hacerlos en casa (aunque aún me quede bastante para alcanzar el nivel de «ramen supremo»), ya que me niego a comer nada que venga preparado en un sobre. La cocina no es tan complicada ni tan difícil cuando le pones ganas, como para tener que recurrir a los preparados de dudosa procedencia…

Mis ramen también han sido de pescado y de pollo y no os miento cuando digo que he tardado menos de 30 minutos en tenerlos listos (fueron dos días diferentes a la hora de la comida). ¿Queréis saber como los he preparado? ¡Pues allá van las recetas!

Ingredientes para el ramen de pescado:

  • Un huevo
  • 1/2 zanahoria
  • Un trozo de puerro
  • Sepia (con unos trocitos nos vale)
  • Unas colitas de langostino (las mías son congeladas)
  • 300 ml de caldo (preferiblemente del tipo que sea el ramen, si es de pescado, el caldo ideal también sería de pescado)
  • sal
  • Fideos chinos
  • Una cucharada de salsa de soja
  • Jengibre molido
  • Cebolleta

¡Vamos allá con éste!

1.- Lo primero que tenemos que hacer es en un cazo poner a hervir agua y cuando la tengamos, añadimos el huevo para cocerlo. Esperamos diez minutos y sacamos el huevo. Lo metemos en agua fría para cortar la cocción. Lo dejamos ahí mientras que seguimos con el ramen

2.- De nuevo, ponemos un cazo en el fuego y ponemos a hervir el caldo junto con un pelín de agua.

3.- Una vez lo tengamos, bajamos un pelín el fuego y añadimos la zanahoria y el puerro picaditos. Tapamos y esperamos unos 4-5 minutos.

4.- Añadimos la sepia y las colitas de langostino, tapamos y esperamos unos 2-3 minutos. Comprobamos que la sepia está mas o menos en su punto.

5.- Sazonamos, sin pasarnos porque la salsa de soja ya es bastante potente. Añadimos jengibre molido (al gusto), y la cucharada de salsa de soja. Removemos y tapamos un minuto.

6.- Apagamos el fuego y echamos los fideos chinos, tapamos y dejamos reposar un par de minutos. Mientras pelamos el huevo y picamos la cebolleta en rodajitas

7.- Vertemos nuestro ramen en un cuenco, añadimos el huevo partido por la mitad y la cebolleta cortada en rebanaditas. ¡Y listo, a comer!

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Ingredientes para el ramen de pollo al curry:

  • Un huevo
  • 1/2 zanahoria
  • Un trozo de puerro
  • Pollo cocido o también podéis usar pollo rebozado, previamente cocinado.
  • 300 ml de caldo de pollo
  • sal
  • Tallarines chinos
  • Curry en polvo
  • Jengibre molido
  • Cebolleta

El paso a paso es casi idéntico al ramen anterior…

1.- Lo primero que tenemos que hacer es en un cazo poner a hervir agua y cuando la tengamos, añadimos el huevo para cocerlo. Esperamos diez minutos y sacamos el huevo. Lo metemos en agua fría para cortar la cocción. Lo dejamos ahí mientras que seguimos con el ramen

2.- De nuevo, ponemos un cazo en el fuego y ponemos a hervir el caldo junto con un pelín de agua.

3.- Cuando el caldo alcance el punto de hervor, añadimos los tallarines chinos.

3.- Una vez lo tengamos, bajamos un pelín el fuego y añadimos la zanahoria y el puerro picaditos. Dejamos cocer unos 4-5 minutos.

4.- Añadimos la sal, el jengibre y el curry. Vamos probando hasta que esté a nuestro gusto. Recuerda que es mejor ir de menos a más, por lo que no debemos nunca añadir al principio mas de media cucharadita.

5.- Cuando los tallarines casi estén en su punto, añadimos el pollo y dejamos al fuego un minuto más.

6.- Retiramos y servimos en un bol. Añadimos el huevo cocido y pelado, partido por la mitad así como la cebolleta cortada en rebanaditas.

¡Listo! Un tipo de plato calentito muy diferente a lo que estamos acostumbrados a tomar, ¡espero que os guste!

 

Y Londres… ¡Ay Londres! Nunca me cansaré de visitarte, y aún menos cuando dos amigas te están esperando allí. Como dije al principio del post, «dicen que viajar cura el alma…», y creo que este viaje curó tres.

Gracias a Pao y a Almu, por los paseos, por ser mis ojos allí, por las risas y las lágrimas, los consejos, el «suchard» y los polvorones. Pero sobre todo, por llevarme a ver «las luse» y por andar 221 números de Baker Street a las 23.00 horas con cero grados 😉

¡Nos vemos prontito!

Ana.

 

 

 

 

 

 

Tortas de Carnaval

IMG_6007¡Hola a todos!

Quería haber publicado este post a principios de semana (¡quería haber hecho tantas cosas aquí!), pero no me ha dado la vida… Os tengo muy abandonados, lo sé. Pero a eso voy a ponerle fin en estos días.

Tengo preparadas un par de entradas que quería compartir con vosotros, pero debido a la época en la que estamos. ésta era la que urgía más. Nada más y nada menos que «Tortas de carnaval». Vale, el carnaval oficialmente terminó ayer, pero en Cádiz, donde yo vivo, aún nos queda carnaval… Ni siquiera estamos en el ecuador. Así que según mi calendario «gaditano-festivo», estoy dentro de los plazos.

Podría pasarme horas hablando del carnaval de Cádiz a ritmo del 3 por 4, de cómo la gente se tira a las calles donde realmente está el espectáculo después de que haya terminado el COAC (concurso oficial de agrupaciones del carnaval de Cádiz), del colorido del que se tornan sus calles, de las coplas que las inundan…

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Domingo de Coros junto al Mercado Central

Pero hoy el protagonismo lo tienen este dulce típico de esta fecha y de mi tierra. Sin complicaciones, con ingredientes básicos y con un horneado rápido, ¡una receta al alcance de todos! Ahora… He de avisar que una vez que las tengáis fuera del horno no seréis capaces de comeros sólo una, ¡y la que avisa no es traidora!

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¡Tatatachán! Aquí van los ingredientes:

  • 125 gr. de azúcar
  • 125 gr. de manteca de cerdo
  • 250 gr. de harina de trigo
  • Una cucharadita de canela
  • La ralladura de un limón
  • Semillas de sésamo para decorar

¡Vamos a allá!

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1.- Para que el azúcar quede más integrado en la masa, lo he pulverizado junto con la piel del limón con ayuda de una picadora (en mi caso Thermomix). Unos golpes de turbo de manera que los granos se hacen mucho más pequeños, al igual que el limón.

2.- Una vez lo tengamos, mezclamos con la manteca de cerdo hasta que quede integrado.

3.- Añadimos la harina y volvemos a integrar amasando con las manos.

4.-Por último añadimos la cucharadita de canela y seguimos amasando hasta que quede bien compacto.

5.- Envolvemos la masa en un film transparente y metemos en el frigorífico una media hora. Esto lo hacemos para que la manteca se endurezca un poco y nos sea más fácil cortar nuestras tortas. Cuando falten unos diez minutos, vamos precalentando el horno a 180ºC.

6.- Sacamos la masa de la nevera una vez transcurrido el tiempo y amasamos. El espesor debe ser como de un dedo (he de decir que las mías quedaron más finas, pero lo ideal es que sean más gorditas).

7.- Con la ayuda de un cortapastas (la forma original es de estrella de más de 5 picos, pero puedes echarle imaginación), vamos cortando la masa.

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8.- Ponemos un papel antiadhetente en la bandeja del horno y vamos colocando nuestras tortas. Antes de meterlas a hornear, las he decorado un poco con semillas de sésamo.

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9.- Horneamos durante 15-20 minutos a 180ºC, y una vez estén fuera del horno, dejar enfriar por completo (¡si las tocáis calientes se parten!).

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Rita, mi vigilante de que no se quemen las tortas

 

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¡Y hasta aquí la receta! ¡A disfrutarlas!

Espero que os haya gustado esta maravillosa y facilísima receta tradicional de mi tierra.

¡Nos vemos prontito!

Ana.

 

 

Loaf Pan de Limón y Miel

IMG_3332¡Hola a todos!

Firmemente creo que hay dos tipos de recetas: las que llevas dándoles vueltas una semana, que si comprando ingredientes, que si calculando los tiempos para organizarte… Y después están esas recetas «salvavidas» o mejor dicho «salvameriendas» (como ha sido en este caso) que sabes que vas a tener todos los ingredientes en la despensa (siempre y cuando tengamos un «kit de supervivencia») y que para lo resultonas que son, se hacen en un abrir y cerrar de ojos.

Pues la receta que os traigo hoy es de las segundas. Fácil, rica y siempre es un acierto seguro. Y aunque esta vez no ha sido un «salvameriendas», si fueron unas ganas locas de estrenar el nuevo molde de Nordic Ware, jurjurjur… ¡El espléndido Heritage Loaf Pan estaba en mis manos! Después de mucho decidirme y esperar, por fin conseguí traerlos para venderlos en mi tienda (si no sabéis cual es, aquí os dejo el enlace de facebook), ¿Y para quién fue el primer molde? ¡Pues para mi madre! Pero lo probé yo antes que ella…Eso sí, en su casa. Ya sabéis eso del #ansiaviva… img_3343.jpg

Molde en mano, limpito y listo para usar… Pero, ¿qué hago? Tras echar un ojito su despensa y ver que, en comparación con la mía sólo tenía lo básico y no las semillas de diente de dragón, el pelo rosa de la cabellera de un unicornio, ¡ni siquiera las hojas del árbol milenario de la eterna paciencia! Mis posibilidades se redujeron considerablemente obligándome a hacer una receta de esas de toda la vida, de las de mojar en el café y repetir. Y repetir.

Me acordé entonces de las chicas del blog de I Love Bundt Cakes, que a parte de usar este tipo de moldes, tienen recetas fáciles, riquísimas y de esas que como he dicho antes, nunca fallan (¡a parte de que tengan un blog precioso!)

Y la receta elegida fue un bizcocho de miel y limón, o como lo llaman ellas un «cake», la cual he adaptado un poquito, pero si queréis ver la receta original, éste es el enlace. Y la mía es la siquiente:

Ingredientes:

  • 3 huevos
  • 160 gr de azúcar
  • 70 gr de miel
  • 70 gr de aceite de girasol
  • 125 gr de yogur de limón
  • 80 ml de zumo de limón
  • 10 gr de levadura
  • 240 gr de harina
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • Ralladura de un limón

Para el glaseado he usado:

  • 150 gr de azúcar glass
  • 2 cucharaditas de miel
  • Zumo de limón hasta que obtengamos una consistencia espesita, pero que podamos verter

img_3341.jpg¡Manos a la obra!

1.- Lo primero de todo, (o lo que como deje para lo último siempre se me olvida…) es engrasar el molde. Con un spray desmoldante o sino tenéis con un papel de cocina suave engrasado levemente en aceite, lo preparamos. Precalentamos a su vez el horno a 170ºC con calor arriba y abajo.

2.- Con ayuda de una amasadora o brazo eléctrico mezclamos los huevos con la miel, el azúcar y la ralladura del limón. Batimos unos 8-10 minutos hasta que doble su volumen y adquiera un color amarillo pastel.

3.- Agregamos el yogurt y el zumo de limón.

4.- Poco a poco vamos añadiendo el aceite batiendo a baja velocidad o haciéndolo a mano.

5.- Tamizamos la harina, la levadura y el bicarbonato y agregamos mezclando bien para que todo quede homogéneo.

6.- Vertemos la masa en el molde e introducimos en el horno. 40 minutitos a 180ºC, aunque yo no le quito ojo y si empieza a adquirir consistencia y un tono doradito caribeño, pincho con un palito para comprobar.

7.- Una vez templado, desmoldamos y dejamos enfriar. (¡No lo toques y déjalo enfriar que aún queda lo mejor, nada de quitar un trocito!)

¡Ahora vamos a por el glaseado!

1.- En un bol agrega el azúcar glas y la miel, remueve hasta que te quede hecho una masa.

2.- Ve agregando poco a poco zumo de limón hasta que la consistencia sea líquida pero espesa.

3.- Cuando el bizcocho esté frío y lo vayas a servir, derrama por encima «descuidadamente pero con arte» el glaseado… Y ahora sí, ¡a disfrutar!

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Espero que os haya gustado la receta de hoy.

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Brownie de Calabaza

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No queda ni una semana para que termine octubre y aquí seguimos, en manga corta y sin guardar la sombrilla de la playa… ¡Casi no me he dado cuenta de que Halloween estaba a la vuelta de la esquina! Pero es que mi mente es incapaz de asociar esa fecha en la que ya va apeteciendo una rebequita… ¡Con este calor! Y claro, si sigue haciendo calor, ¿quién quiere encender el horno? Pues yo.

Si señores, a las altas temperaturas de mi casa he decidido subirle un par de graditos más poniendo la maquinaria en marcha a 180ºC… Pero es que tenía que probar este brownie de calabaza y enseñároslo por si queréis hacerlo en el puente, o no puente, que tengáis para el día 31.

Sé que lo ideal para esta fecha es elaborar algo tremendamente terrorífico (como los fantasmitas que hicimos el año pasado, te dejo el enlace aquí por si queréis revisarlos), pero este año me he decantado por algo que está a medio camino entre la tradición (aquí es donde entra la calabaza), y el monillo de dulce y chocolate que nos entra los domingos y los días de fiesta (aquí es donde entra el brownie).

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Y ya que estamos metidos en tertulia y sabiendo lo que me gusta buscarle el porqué a las cosas (espero que todo esto algún día nos sirva a todos para ganar quesitos en el Trivial…), ¿sabéis de donde viene la tradición de decorar las calabazas en Halloween? Bueno, bueno… ¿Sabéis de donde viene la tradición de celebrar Halloween? Pues sorprendentemente, no es cosa de los americanos (aunque en España sigamos diciendo que esta fiesta es una «americanada»), la culpa de todo este follón la tienen… ¡los irlandeses! ¡Y sobre todo los celtas! ¡Ea, está más cerca de lo que nos creíamos!

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Resulta que los celtas creían que al final del verano se abría la barrera entre el mundo de los humanos y de los espíritus. Fecha que concretamente coincidía con el 31 de octubre (esperemos que este año se abra la barrera a las borrascas y al invierno). Esa noche, las brujas, los duendes y las almas en pena, salían para incordiar a quienes les habían hecho daño en vida… ¡Buh! Por otro lado, el símbolo de las calabazas decoradas, que también tiene que ver con ellos, se debe a que una leyenda irlandesa cuenta que Jack, fue tan malísimamente malo en vida, que al morir no lo quisieron ni en el cielo, ni en el infierno. Su condena fue vagar por la eternidad como un alma solitaria llamando a las puertas de uno y otro sitio para que lo dejasen entrar. En ese camino tan sombrío, sólo disponía de una calabaza vacía con una vela adentro que le servía de lámpara. Como el 31 de octubre hemos dicho que era cuando se abrían las puertas al mundo de los humanos, Jack vagaba por las calles con su calabaza encendida, llamando a las puertas por si alguien le dejaba entrar. Y de ahí que decoremos las calabazas en esta fecha y que los niños disfrazados, vayan de puerta en puerta.

Me enrollo como las persianas, lo sé, pero no me olvido de la receta… ¡jurjur! Así que encendamos el horno, ¡y manos a la obra!

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Ingredientes:

  • 50 gr. de nueces picadas
  • 50 gr.  de pasas sin pepitas ni hueso, troceadas (podéis echarle los frutos secos que queráis)
  • 150 gr. de calabaza rallada
  • 4 huevos medianos
  • 150 gr. de azúcar moreno
  • 75 gr. de aceite de girasol
  • 150 gr. de harina integral (también podéis usar la normal)
  • 1 sobrecito de levadura
  • 1 cucharadita de bicarbonato (opcional)
  • 2 cucharadas de canela en polvo
  • 1 pizca de sal
  • 175 gr. de chocolate negro para fundir
  • 175 gr. de nata (35% de materia grasa mínimo)
  • Almendritas laminadas para decorar

1.- Comenzamos precalentando el horno a 170ºC y engrasando un molde rectangular (puedes usar cualquier otro, pero al ser un brownie queda mucho mas bonito así)

2.- Vamos a montar los huevos con el azúcar ayudándonos con unas varillas electricas. Deben coger un tono blanquecino y aumentar de volumen. Esto te llevará unos 5 minutos.

3.- Agregamos la calabaza rallada, el aceite, la canela y la sal. Removemos mezclando.

4.- Tamizamos la harina junto con la levadura y el bicarbonato y la vamos agregando poco a poco, removiendo y evitando que se nos queden grumitos.

5.- Por último, añadimos los frutos secos picaditos. En mi caso eran nueces y pasas. Con ayuda de una espátula y con movimientos envolventes, vamos integrándolos.

6.- Vertemos la masa en el molde engrasado y metemos en el horno. Programamos unos 20 minutos a 180 ºC y vamos comprobando con un palito si está a punto nuestro brownie.

7.- Mientras que tenemos la masa en horno, vamos a preparar la cobertura de chocolate. Para ello llevamos la nata a ebullición en un cazo. Cuando la tengamos, añadimos el chocolate negro troceado y vamos removiendo hasta que el chocolate quede totalmente derretido en la nata.

8.- Reservamos la cobertura en un bol y dejamos que temple a temperatura ambiente.

9.- Una vez tengamos el bizcocho fuera del horno y muy templado, casi frío (vale, puedes esperarte a que se enfríe completamente), bañamos la superficie con la  cobertura de chocolate que teníamos reservada. Si ha espesado mucho, introdúcela en el microondas en modo «descongelación» durante 30 segundos para que vuelva a ablandar.

10.- Una vez tengas tu brownie bañando en el chocolate, puedes decorarlo. Yo he usado láminas de almendritas que tenía en casa, ¡pero es cosa tuya echarle imaginación!

11.- Para que la cobertura del brownie quede más compacta, puedes meterlo en el frigo y sacarlo un ratito antes de comértelo.

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¡Espero que os haya gustado la receta de hoy! Es increíblemente sencilla y la verdad es que si la hacéis no sobrarán ni las miguitas… ¡Os lo digo yo!

Nos vemos prontito… Y cuidado con las brujas de Halloween… ¡Buuuuhhh!

Ana.

Bizcocho de Hibiscus y semillas de amapolas

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¡Hola a todos!

Casi sin darnos cuenta estamos en octubre y aunque eso de encender el horno aún apetece poco con este calor que no se va, el fin de semana pasado lo encendí para hacer un bizcocho que llevaba días dándole vueltas.

Hace un par de semanas me di una vuelta por el mercado de abastos de Chiclana (¡me encantan los mercados de abastos!), y estuve reponiendo algunas especias, comprando pescado y verduras… Y encontré flores de hibiscus deshidratadas. Me traje una cajita para casa y enseguida pensé en incluirlas en algunas de mis recetas y darles un toque diferente.

El Hibiscus es una flor que siempre he tenido presente en mi vida, desde pequeñita las veía en el jardín de mi abuela y años más tarde, mi madre las ha cultivado de varios colores y tipos. Aunque yo esté acostumbrada a verlas desde siempre, al decir Hibiscus a todos se nos viene a la cabeza Hawai, las camisas floreadas y el Hula … Pero queridos amigos, a mi me gusta rascar en todo y buscando un poco más sobre esta planta, he encontrado que a parte de ser la flor típica del estado de Hawai, tiene significados y usos que desconocemos… ¿Sabíais que allí son símbolo de abundancia, bienestar y alegría? Suelen regalarse enlazadas en forma de collares a modo de saludo, en las bodas, o como muestras de respeto. Además si una chica hawaiana lleva una flor de Hibiscus en la oreja izquierda, es que esta comprometida, mientras que si la lleva en la derecha es que está soltera. ¡Cuántas cosas en una sola flor!

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Si hablamos de las propiedades del Hibiscus, nos encontramos con que es un buen ansiolítico, favorece la buena circulación, es diurética y antioxidante, y tiene un alto contenido en vitamina C, ¿algo más? Pues sí, que en infusiones o deshidratadas como las que he encontrado yo, ¡están riquísimas! Y ya si las incluimos en un bizcocho, ni os cuento…

La otra gran protagonista de la este bizcocho es la amapola, presente en forma de semilla. Pero de ella y de sus propiedades hablaremos más adelante, ¡lo prometo!

Sin enrollarme más, empezamos con la receta.

Ingredientes:

  • 210 gr. de harina
  • 210 gr. de harina integral (yo le he puesto esta combinación, pero puedes variarla mientras que en total sean 420 gr. de harina)
  • Ralladura y zumo de medio limón
  • Una cucharadita de bicarbonato sódico
  • Una cucharada de levadura química.
  • 3 huevos
  • 260 gr. de azúcar
  • 125 ml de aceite de girasol
  • 125 ml de aceite de oliva (podéis usarlo todo de girasol, pero a mi me gusta el toque que le da el aceite de oliva)
  • 250 ml de leche
  • 1 Una cucharadita de comino molido
  • 1 Pizca de sal.
  • Flores de Hibiscus deshidratado picaditas
  • Dos cucharadas de semilla de amapola

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¡Manos a la obra!

  1. Antes que nada engrasamos un molde ( yo he usado uno rectangular de Lékué) y precalentamos el horno a 170ºC
  2. Batimos lo huevos con ayuda de una batidora, a velocidad media hasta que dupliquen su volumen. Esto te llevará unos 5-7 minutos y su textura se convertirá en más espumosa y de un color pastel.
  3. En un bol mezclamos los ingredientes secos: las harinas tamizadas (este paso siempre nos lo saltamos y es super importante, si no lo hacemos bien aparecerán los temidos «grumitos») con el bicarbonato, la levadura, la sal, la cucharita de comino y la ralladura de limón.
  4. Cuando tengamos los huevos listos, sin dejar de remover añadimos el zumo de limón, los aceites y la leche.
  5. Una vez estén los ingredientes líquidos bien integrados, poco a poco y sin dejar de remover suavemente, vamos añadiendo la mezcla de los ingredientes secos.
  6. Por último añadimos las dos cucharadas de semillas de amapolas y la mitad de las flores picaditas. Volvemos a remover suavemente.
  7. Vertemos la mezcla en el molde y añadimos por encima la mitad de las flores picaditas que teníamos reservadas.
  8. Horneamos unos 30-40 minutos a 180ºC hasta que al introducir un palito salga limpio.

¡Ya tenemos listo nuestro bizcocho!

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Tal y como se ve en las fotos tiene una textura espectacular ¡y muy esponjosa!

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En mi casa gusto muchísimo. ¿Te animas tú a hacerlo?

¡Nos vemos prontito!

Ana.

Mojito

Vale, hasta dentro de un par de semanas no dejamos atrás el verano… Pero cuando llega septiembre, los pocos días que nos quedan de él son como la antesala del jersey de cuello vuelto. Aunque queden tardes de playa y noches de cervecitas, inevitablemente ya hemos cambiado el «chip» (quédense fuera de esta afirmación todos aquellos privilegiados tardíos que empiezan sus vacaciones ahora… ¡La playa es vuestra!)

La semana pasada ya me fui despidiendo de la sombrilla, pero esta aún tengo que despedirme de algo tremendamente importante para mi. Algo sin que mis veranos no serían lo mismo, tendrían, ¿cómo decirlo? Mmm, otro sabor. Estoy hablando de los «Mojitos». Si en verano podría vivir de comer salmorejo y helado de menta y chocolate (eso es otra historia que ya os contaré…) también podría vivir de beber sólo Mojitos. Ni siquiera sé porqué cuando me siento en una terracita y/o chiringuito pido la carta de cocktails, si siempre acabo pidiendo lo mismo. Mojito, y a ser posible moreno, de ron negro (tiquismiquis, o como queráis llamarme) Mis mejores historias veraniegas vienen acompañadas de un Mojito en la mano. Cupido me lanzó sus flechas en forma de cocktail… ¡Y sigo cayendo en sus redes!

 

Pero, ¿sabíais que tomar un Mojito no fue siempre «agradable»?  Mucho antes de que Hemingway lo tomase en la «Bodeguita del Medio» en La Habana, y lo hiciese famoso, mucho antes fue una especie de medicamento que se les daba a los marineros en sus largas travesías. La diferencia es que en vez de usar ron, eso vino después, usaban un aguardiente de muy baja calidad diluido en agua, donde el alcohol aportaba calor, el agua lo hacía mas llevadero y al mezclarlo con el limón y la menta, prevenían el escorbuto y el mal aliento, a la par que hacerlo más llevadero de tomar… (dista mucho de mi idea de Mojito perfecto viendo una puesta de sol en la playa totalmente a gusto en mi hamaca). Con el paso de los años, el aguardiente se fue sustituyendo por el ron y empezamos a cogerle el gustillo, hasta el punto de ser uno de los cocktails más internacionales a día de hoy.FullSizeRender (1)

¿Es difícil preparar un Mojito? ¿Llevan ron blanco o negro? ¿Azúcar blanquilla o de caña? ¿Hierbabuena o menta? ¿Limón o lima? Señores, aunque el original lleva ron blanco, azucar blanquilla, hierbabuena y limón, para gustos los colores y variantes. Mientras que no sea un preparado de esos que venden en botellas (eso sería como si en un restaurante nos pusieran gazpacho de bote o paella precocinada…), cualquier opción con un mínimo de cariño, para mi es válida. En este post voy a enseñaros cómo lo hago yo, a mi gusto y como le tocan las palmas en mi casa. ¡Espero que a vosotros también!

¡Vamos allá!

Ingredientes:

  • Ron negro
  • Hielo picado
  • Hojas de hierbabuena
  • Azúcar moreno de caña
  • Agua con gas
  • Limas
  • Un poquito de «sabrosura» (ups!! Eso se ha colado, pero también es indispensable)

 

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Ramitas de hierbabuena y menta en flor

 

  1. Lo primero que vamos a hacer es buscar un vaso ancho de unos 400 ml y yo los preparo uno a uno.
  2. Vamos a cortar las limas en cuartos, y en cada vaso vamos a poner 4 cuartos de lima.IMG_2094
  3. Añadimos unas hojitas de hierbabuena (con un par de ramitas estaría bien), y una cucharada sopera de azúcar moreno de caña.IMG_2098
  4. Con un macerador de cocktails o el mazo de un mortero, vamos a aplastar los tres ingredientes en el fondo del vaso hasta que la lima y la hierbabuena suelten su jugo. Si dejamos macerando esta mezcla un ratito el sabor será más intenso, si eres un ansia viva como yo, podemos seguir.
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    Macerador de cocktails y exprimidor manual. También podéis exprimir un poco de zumo de lima y añadirle otros trozos enteros.

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    Yo prefiero usar el macerador.
  5. Llenamos el vaso prácticamente entero con hielo picado y a continuación echamos un chorrito de ron, eso va al gusto, pero con la parte grande de un medidor de licores, unos 30 ml, tendríamos más que suficiente (el caso es que sea agradable y refrescante).IMG_2106
  6. El resto del vaso lo vamos a rellenar de agua con gas. Si eres muy goloso, puedes rellenar mitad de agua con gas y mitad de un refresco de lima.
  7. Adornamos el vaso con una ramita de hierbabuena y ya podemos disfrutar de él.FullSizeRender

Yo voy a aprovechar los últimos coletazos del verano este fin de semana y os aseguro que algún Mojito caerá.

Y vosotros, ¿vais a caer en la tentación?

Nos vemos prontito.

Ana.

 

Bienmesabe

A estas alturas de la película, muchos de vosotros ya sabréis que soy de Cádiz. Y como es de imaginar, cada vez que pongo un pie fuera de mi tierra y digo que soy de allí, en seguida me asocian con las playas, el sol, el carnaval y por supuesto, el «pescaito frito». Es entonces cuando a mi se me ilumina la cara y sonriendo digo… ¡Sí, sí, de ahí vengo yo!

Uno se puede sentir muy de su tierra cuando está allí, pero cuando nos toca irnos fuera, y si os ha tocado alguna vez supongo que sabréis de lo que hablo, hace que desde la distancia, realmente apreciemos el lugar que nos vio nacer o de donde nos sentimos.

En mi caso, pasé un año fuera de Cádiz, en Barcelona (mi otro ojito derecho), estudiando y trabajando. Conocí a tanta gente de tantas nacionalidades que a veces era mejor llamarnos por nuestros países o ciudades, que por nuestro nombre. Y así un día, lejos de mi mar, dejé de llamarme Ana para llamarme «Cádiz».

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La Caleta

Pero… ¿Qué se supone que nos toca hacer cuando nos ponen por bandera nuestra trierra? Pues si antes ya presumía de ella, lo multipliqué por 10. Ahora yo representaba las playas, el sol, el carnaval y el «pescaito frito». Cada vez que hablaba de ella, intentaba que un rayito de sol se reflejase en mis palabras y que todo tuviese un poquito mas de sal, o más bien salero. Tanto fué como la pinté, que diez años después, sigo recibiendo visitas en mi tierra de toda la gente que conocí en Barcelona. ¡Y las que me quedan!

Pero claro, no todos pueden hacerme una visita… Ni todavía se ha inventado un correo electrónico, un mensaje de Whatsapp o ¡una teletransportación si me apuras! Para que yo pueda seguir enviando «pescaito frito» desde aquí a cualquier parte del mundo, ¡ojalá! Así que como ésto es medianamente un blog de cocina, la única solución que veo más factible es que publique, como os digo siempre, bajo mi punto de vista no universal, la receta de uno de los aliños más famosos de Cádiz, en cuanto a pescado se refiere… El Bienmesabe.

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¿Pero qué pescado es el Bienmesabe? Pues realmente no es el pesado en sí, sino el aliño como he dicho antes. Es una forma que tenemos de aderezar, de marinar, de aliñar, de adobar el cazón.

Pero… ¿Sabemos lo que es el cazón? Pues sin que cunda el pánico, es un tipo de tiburón… ¡Ahí es nada! Aunque está muy lejos de parecerse a la comida china de folleto buzonero en el que siempre aparece «sopa de aleta de tiburón», no confundamos, por favor… El Cazón o tiburón vitamínico, o podríamos llamarlo también el Sr. Galeorhinus galeus, pesa unos 45 kg y puede llegar a los 2 metros de largo. Su carne es blanca y jugosa, posee muy pocas espinas, por lo que a la hora de comerlo si sois señoritos como yo, es muy fácil de limpiar.

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Vale, ya tenemos que el Bienmesabe es un tipo de aliño con el que adobamos el cazón… ¿Pero, por que Bienmesabe? Realmente tendríais que probarlo para comprobar que realmente es una maravilla que «bien sabe», pero cuentan por ahí que a mediados del siglo XIX la reina Isabel en uno de sus viajes por mi tierra, probó el cazón adobado a este estilo. Al probarlo fue tal su sorpresa y su agrado que exclamó ¡Bien me sabe!. Todos los que estaban a su alrededor esperando cuál era la reacción de la reina al probarlo, al ver su contento, siguieron exclamando ¡Bien me sabe, bien me sabe! Y de ahí su nombre, Bienmesabe.

 

Ahora sin mas charla, creo que es hora de que os desvele el secreto profesional de los fogones de mi casa cuando hacemos el Bienmesabe.

¡Coge papel y lápiz que ahí vamos!

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Ingredientes:

  • 1 kilo de cazón cortado en rodajas.
  • Vinagre
  • Agua
  • 1 cucharada de pimentón
  • 2 o 3 dientes de ajo
  • 2 cucharadas de orégano
  • 1 cucharada de comino
  • Un par de hojas de laurel
  • sal
  • Harina para freír.

1.- Lo más importante de todo, es que tenemos que dejar marinar el cazón al menos 8 horas. Podéis hacerlo incluso la noche antes, pero teniendo en cuenta que cuanto más tiempo esté marinando, más fuerte será el adobo. Y para gustos, no hay nada escrito 😉

2.- Vamos a preparar el adobo usando el 50% de agua y el 50% de vinagre, mezclándolo con el pimentón, los dientes de ajo cortados en láminas, el orégano, el comino y la sal. Podemos dejar la mezcla así tal cual, removiéndola bien o pasándola por una batidora para moler bien todos los componentes, menos el laurel que lo dejamos tal cual. Yo lo he hecho sin pasar por la batidora.

3.- En una fuente colocamos el cazón limpio a rodajitas o lomitos y cubrimos con la mezcla. Dejamos reposar.

4.- Para harinarlos necesitamos harina que sea gordita, ¡pero que no sea de repostería ni nada de eso! Y vamos pasando el cazón escurrido del adobo.

5.- En una sartén con abundante aceite caliente, ¡ojo! Muy caliente, vamos friendo el cazón. Necesitamos que el aceite esté lo suficientemente caliente para que al freírlo se cree la «costra» de la harina típica del «pescaito frito».

6.- En un plato con un papel absorbente, vamos dejando reposar el «Bienmesabe« (sí, en este punto ya podemos llamarlo Bienmesabe)  para retirar el exceso de aceite ¡y listo, a disfrutar!

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En mi caso, como era para comer, lo he acompañado con una ensalada de lechuga roja, tomatitos cherry, rúcula, queso y un aliño con miel, pero un gazpacho, un salmorejo o un picadillo… ¡También son muy buenos acompañantes!

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¡Y hasta aquí el post de hoy!

¡Espero que os haya gustado y haberos acercado un trocito de mi tierra a través de la pantalla! ¿Os atrevéis a hacerlo?

Nos vemos prontito.

Ana.