Muerte por chocolate

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Cuenta una leyenda Azteca que el dios Quetzalcóatl, representado como la serpiente emplumada, era un dios bondadoso y de buen corazón que enseñó a los aztecas artes como el de la agricultura, la astrología o la medicina. Un dios que detestaba la guerra y la violencia por encima de todo, el sufrimiento y los sacrificios. Enseñó a su pueblo a vivir en paz y a que los buenos valores prevalecieran sobre los demás. Cada cierto tiempo emprendía viajes en los que seguía divulgando su sabiduría más allá de sus fronteras,  y en los que iba enseñando que siempre hay muchísimos caminos alternativos a la violencia.

Sin embargo, mientras se encontraba en unos de sus viajes, su oponente Tezcatlipoca, conocido como el mago negro y totalmente opuesto a Quetzalcóalt, aprovechó para invadir la cuidad donde se encontraba la esposa de éste, asesinándola y desterrando así a Quetzalcóalt de su propio reino. La princesa aguantó y aguantó hasta su último suspiro el asedio para que Tezcatlipoca, no llegase al trono de la ciudad. Sin embargo al no llegar su marido a tiempo, su muerte fue inevitable…

Cuenta esta leyenda, que allí mismo donde murió ella, brotó el árbol del cacao, cuyo nombre fue «cacahuaquahitl». De él crecieron frutos con un sabor amargo, como el sufrimiento de la princesa. Fuerte, como lo había sido ella ante el asedio, y oscuro, como su sangre al derramarse.

Aunque me contaron varias leyendas cuando estuve en México, personalmente esta es la que más me gusta (¿a quién no le gusta que detrás de algo como el cacao haya una historia de amor?). Todas coinciden con que el dios Quetzalcóalt, fue quien bajó de los cielos de una manera u otra, este alimento sagrado para los mayas y aztecas. El fruto del cacao fue utilizado incluso como moneda de cambio, pero su mayor consumo fue en una especie de bebida caliente a la que añadían especias y llamaron «tchocolatl», nombre del que ha derivado nuestro Chocolate.  Recetado incluso por los médicos como estimulante y reconstituyente, sus usos y consumo situaban al cacao como uno de los alimentos más sagrados e importantes de su cultura.

Ciertas o no todas las leyendas, lo único que si podemos afirmar es que, uno de los mayores culpables de nuestro vicio por el chocolate, fue Hernán Cortés, quien en 1524, envió el primer cargamento de cacao a España. Gracias Hernán… Gracias a ti la «operación bikini» se complica seriamente cada año…

Y aunque en este momento hayáis atado cabos y penséis que el nombre de esta tarta tiene que ver con la leyenda que os acabo de contar (Muerte por chocolate… La muerte de la princesa… México… Chocolate…), siento decir que no. No tiene nada que ver ni con la cultura azteca, ni con la maya, ni siquiera con la gastronomía mexicana… Aunque sea en los restaurantes mexicanos donde más frecuentemente nos encontremos este tipo de postre. Su origen o su nombre, dicen por ahí, que se lo debemos a un estadounidense llamado Eric Russell, quien probando recetas con chocolate consiguió hacer esta tarta y al degustarla y comprobar lo buenísima que estaba, exclamó: «¡Es la muerte por chocolate!» Como hemos exclamado más de uno de nosotros al comerla…

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Sin embargo, no quería dejar pasar esta ocasión, ya que de chocolate trata el asunto, para contaros la preciosa leyenda. La historia que hay detrás de mi tarta, esta que estáis viendo en las fotos, también es de sufrimiento… Preparar una tarta así en agosto, en plena ola de calor, es un trabajo que se multiplica por diez… Las ganaches no se enfrían como debiesen, y al sacarla del frigorífico hay que consumirla rápidamente o empezará a derretirse… Pero era el cumpleaños de mi padre y siendo él un buen amante del chocolate, me veía en el deber y/o obligación de hacerla. Así que sin enrollarme más empiezo con la receta, que podemos dividir en tres partes, dos ganaches y los bizcochos.

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Ingredientes para los bizcochos:

(Yo he usado 3 moldes de 15 cm desmontables de Kitchen Craft pero podéis usar uno de 20 cm y cortar el bizcocho por la mitad una vez esté desmoldado y frío).

  • 6 huevos
  • 200 gr de azúcar
  • 150 gr de mantequilla
  • 150 gr de chocolate negro  (cuánto más negro mejor)
  • 150 gr de harina
  • Una cucharada de bicarbonato.

Ingredientes para la ganache de relleno:

  • 650 ml Nata para montar (mínimo 35% de materia grasa)
  • 40 gr de azúcar
  • 200 gr de chocolate negro
  • 5 cucharadas de maicena.

Ingredientes para la ganache de cobertura:

  • 200 gr de chocolate negro
  • 200 gr de nata líquida
  • 20 ml de licor (yo he usado ron, pero podéis poner el que más os guste)

¡Empezamos!

Lo primero que vamos a hacer son las ganaches.

Comenzamos con la de relleno:

  1. Ponemos a hervir la nata con el azúcar, removiendo de vez en cuando para que no se nos quede pegado. Mientras hierve troceamos el chocolate.
  2. Una vez que llegue al punto de ebullición, retiramos del fuego y añadimos el chocolate poco a poco, hasta que se funda completamente en la nata.
  3. Volvemos a poner en el fuego, pero lento, y vamos agregando una a una las cucharadas de maicena. Vemos como va espesando (si ves que no espesa lo suficiente, puedes añadir más maicena hasta que quede a tu gusto).
  4. Guardamos en un bol y dejamos que atempere. Después conservamos en el frigorífico al menos 4 horas.

Seguimos con la ganache de cobertura:

  1. Realizamos el mismo proceso que con la ganache anterior. Llevamos a hervir la nata. Mientras troceamos el chocolate.
  2. Cuando hierva, añadimos el chocolate y removemos para que se funda completamente.
  3. Es el momento de añadir el licor. Removemos y reservamos en un bol.
  4. Cuando atempere, conservamos en la nevera al menos 4 horas.

¡A por los bizcochos!

  1.  Antes que nada precalentamos el horno a 180 ºC y engrasamos los moldes.
  2. Troceamos el chocolate y lo fundimos con la mantequilla en un cazo o en el microondas. Una vez lo tengamos fundido e integrado, dejamos que baje de temperatura.
  3. Batimos los huevos con el azúcar ayudándonos de unas varillas eléctricas (¡Ojo! Si eres un crack de gimnasio y te ves con ganas, puedes hacerlo a mano…) Tienen que triplicar su volumen y coger un tono amarillo/blanquecino. Esto te llevará un ratito… (7-10 minutos)
  4. Añadimos el chocolate atemperado y seguidamente la harina y el bicarbonato. Removemos con una espátula y mucho amor hasta que toda la masa nos quede homogénea y sin grumitos de la harina.
  5. Repartimos la masa en los tres moldes que ya teníamos engrasados y los metemos en el horno uno 15-20 minutos a 180ºC. Ve comprobando con un palito.
  6. Una vez los tengamos y hayan enfriado un poco, los desmoldamos y en una rejilla dejamos que enfríen completamente.

¡Vamos con el montaje de nuestra Muerte por Chocolate!

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  1. Como verás a los bizcochos les habrá salido una «boina» en la parte superior. Con una lira o un cuchillo de sierra corta lo sobrante y deja los bizcochos lo mas rectos que puedas. ¡Pero no tires, ni te comas lo que ha sobrado! Después te voy a dar una idea…
  2. Con la ayuda de una espátula ve aplicando entre bizcocho y bizcocho capas de la ganache de relleno y ve montando.
  3. Cuando tengas los 3 bizcochos montados, pon una última capa en la superficie de la tarta de la ganache de relleno.
  4. Los laterales los vamos a cubrir con el otro tipo de ganache, la que llevaba el licor. No hace falta que te quede totalmente liso, puedes ir untando la ganache con la espátula a tu gusto.
  5. Yo he «decorado» mi Muerte por Chocolate un poco con fideitos de chocolate, pero eso ya lo dejo a tu gusto.
  6. Una vez tengas la tarta terminada, deja que vuelva a enfriar en el frigorífico al menos otras 3 horas (de un día para otro está aún más buena).FullSizeRender (5)

¡Y ahora viene la super idea!

Con los sobrantes del bizcocho y las ganaches, he hecho helado… ¡Tachán! Lo único que he hecho ha sido batir un poco las ganaches (cada una por separado) y en un recipiente apto para congelar, he ido aplicando capas de ganache y de los bizcochos sobrantes… Realmente no sé que estaba mejor, si la tarta o el helado…

¡Espero que os haya gustado!

Nos vemos prontito.

Ana.

Paella rápida y fácil.

Por muy cocinitas que seamos, como la comida de «mamá» no hay nada…

Tienen ese «je ne sais quoi» , como ese punto de más cargado de ilusión que le ponemos a nuestras recetas cuando estamos cocinando para alguien: «Te vas a chupar los dedos, no te va a gustar ¡te va a encantar! Te va a faltar pan para mojar, te vas a acordar de mi plato y de lo bien que comiste toda tu vida, se te van a caer dos lagrimones cuando lo pruebes… Si a los hombres se les conquista por el estómago ¡ja! ¡Tú ya eres mío!».  Y supongo que será ese mismo toque el que le ponen ellas pero elevado a un millón de millares. Podremos tener más maña o menos, más tino con la sal o menos, pero el toque mágico de una madre, no lo tendremos nunca.

Os cuento todo esto porque al vivir sola, de vez en cuando, una se pone melancólica al recordar los platos de mamá. Sobre todo la paella. Perdón, La Paella de Mamá, con mayúsculas. Pero claro ni todos los días son domingos, ni tenemos el mismo tiempo, ni siempre estamos al lado de las mejores cocineras del mundo. Así que como decía por ahí un tal Albert Einstein » En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento»… Y amigos míos,  tener ganas de comer paella y no poder, es una crisis bastante seria.

Fue así, como en un día gris, de esos en los que no tienes ganas ni de mirarte al espejo pero matarías por vivir como una marquesa, cuando se me encendió de nuevo la bombillita. Corrí a la despensa y al frigorífico comprobando que tenía los ingredientes. Tenía el microondas (sí sí, el microondas), tenía el maravilloso cocedor de arroz de Lékué y tenía materia prima. Lo que me faltaba, como siempre, era tiempo y ganas de ensuciar la cocina. Aún así, me lié la manta a la cabeza y me salió un plato bastante resultón, que aunque no tiene nada que ver con una paella tradicional por su preparación, me sirvió para darme el gustazo. FullSizeRender (14)

FullSizeRender (2)Lo primero que tenía que tener en cuenta es que al cocinar arroz en el microondas, las recetas van un poco «al revés» que de la manera tradicional, digan lo que digan las abuelas y madres. Necesitamos que los ingredientes más «duros», por decirlo de alguna manera, tengan más tiempo de cocción, mientras que no tenemos que preocuparnos de que no se absorban bien los sabores, porque en el microondas ese proceso de «maceración» se aligera muchísimo. Pero para que me entendáis mejor os cuento como la hice yo, ¡vamos allá!

Ingredientes:

  • 60 gr de arroz Basmati (era el que yo tenía en casa, os lo cuento sin trampa ni cartón)
  • 230 ml de agua
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Trocitos de sepia limpia
  • Un cuarto de pimiento verde
  • Un cuarto de pimiento rojo
  • Un par de cucharadas de tomate frito (yo uso uno ecológico, también podéis usar tomate natural rallado)
  • Cebollita picada
  • Unas gambitas
  • Un par de cucharadas de colorante alimenticio (podéis sustituir una de las cucharadas por «saborizante de paella»)
  • Limón para decorar y aliñar.IMG_1538

1.- Lo pimero que tenemos que hacer es lavar un poco el arroz para que suelte almidón. Yo lo vierto en un colador y lo pongo bajo el chorro del grifo de la cocina, lavándolo con abundante agua fría.

2.- Después lo vamos a introducir en el cocedor de arroz de Lékué, junto con el agua y el aceite. Programamos 6 minutos a 800 watios. Mientras vamos picando los pimientos y la cebolla.

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3.- Una vez lo tengamos le añadimos los pimientos y la cebolla. Removemos y volvemos a meter en el microondas 2 minutos a 800 watios.

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4.- A continuación incorporamos las gambitas, la sepia y el tomate. Removemos de nuevo y programamos 2 minutos a 800 watios.

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5.- Lo último que nos queda por añadir es la sal y el colorante alimenticio. Mezclamos todo bien y programamos un último minuto a 800 watios. Cuando termine, volvemos a remover y tapado, dejamos reposar un par de minutos. ¡Ya tenemos nuestro arroz!

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Acompañamos con un buen vinito, ¡y a disfrutar!

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¡Espero que os haya gustado!

Nos vemos prontito.

Ana.